CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo II - 3. 1989
 

 

LOS ELEMENTOS Y LOS ESTADOS DE VIDA EN EL NACIMIENTO DE VENUS Y EN LA PRIMAVERA DE BOTTICELLI

Frederic Chordá Riollo

1. SÍNTESIS

En este artículo, que sintetiza una investigación más amplia, presentaremos una aproximación a las obras propuestas, después de una descripción caracterizadora, mediante la relación de los datos visuales con los contextuales de carácter iconográfico.

2. DESCRIPCIÓN FORMAL Y ADSCRIPCIÓN CONTEXTUAL

Primeramente procederemos a la descripción de ambas obras. En El Nacimiento de Venus (fig. 1), se nos presenta una ribera; la tierra, a la derecha, forma entrantes y salientes; hay algunos árboles; un río, en la parte más inferior, va hacia el mar, de olas rizadas, que ocupa la mayor parte de la superficie. En este lugar están cuatro personajes de aspecto humano que se describen de izquierda a derecha.

Desde el ángulo superior izquierdo avanzan volando dos personajes alados enlazados; soplan, fuertemente el que está más a la izquierda, de aspecto tosco y moreno, se trata de Eolo, el Viento frío del Huracán, con suavidad el otro, rubio y delicado; este segundo personaje encarna al Céfiro, la brisa suave; sus cabelleras, y paños (azul y marrón) que los cubren, están agitados y flotantes; el personaje rubio se abraza a la cintura del otro, que lo sostiene con su derecha; no se puede decir el sexo de estos personajes aun curando el moreno parece masculino y el rubio femenino.

Ambos personajes son contradictorios por sus actitudes, alientos, color de los paños con que se cubren..., pero avanzan unidos soplando sobre la mujer que ocupa el lugar central.

Es una mujer desnuda, de pie, sobre la bisagra de una concha; parece que se posa ahí ingrávida; se trata de Venus Afrodita, representando aquí el Fuego; tiene su mano derecha sobre el pecho y con la izquierda sujeta un abundante mechón de su gran cabellera rubia, con el que se cubre el pubis. Inclina algo su cabeza pensativa hacia nuestra izquierda. La concha es grande, pudiendo contener al personaje, acurrucado, en su interior; se distinguen perfectamente su borde dentado y el relieve de sus surcos.

Más a la derecha avanza un personaje de aspecto femenino hacia la orilla: representa la Tierra llevando el Manto vegetal para cubrir a la anterior. Viste una especie de túnica de fondo blanco, con las mangas aparte, sin orlas ni costuras visibles, con un dibujo de flores: una triple ramita con tres capullitos de ranúnculos cada una; se ciñe con ramas florecidas de esa planta y al cuello lleva una guirnalda de hojas; va descalza. Tiene el pelo muy largo y agitado, parte suelto, parte en una trenza. El manto que lleva es de fondo rojizo, con orla y bordados de matas en flor.

Mientras que el aire enviado por los de la izquierda hace ondear el manto, una nubecilla de ranúnculos que provienen de la Tierra los salpica.

En La Primavera (fig. 5) vemos nueve personajes en un huerto, en actitudes diversas, algunos formando grupos; estudiaremos el contenido de derecha a izquierda.

Junto al extremo derecho vemos a un personaje de aspecto masculino, Eolo, similar a la representación del Nacimiento de Venus, que se precipita, agitando los árboles en su impulso, sobre un ser de aspecto delicado: se trata de Cloris, personificación de la Tierra; todo en ellos es contradictorio: Eolo es de tonos fríos, azulados, de actitud decidida, soplando continuada y fuertemente; por el contrario, la Tierra está pintada en tonos cálidos, su actitud es temerosa y descoordinada, su aliento es sincopado y deja escapar brotes vegetales.

La Tierra está siendo poseída, desflorada, por el Viento. Los árboles que están en la parte superior, verdes todos ellos, dan flor y fruto a partir de la boca de la Tierra y hasta el extremo izquierdo.

Más a la izquierda avanza decididamente una joven, la Primavera, distribuyendo las flores que tiene en el embolsamiento de su túnica, a la altura del vientre, cayendo allí desde la boca de la Tierra; va vestida con una túnica adornada con flores y se ciñe y adorna también con éstas. Las flores van a parar a los pies del personaje central.

En el centro de la composición, destacada por la vegetación, está una mujer que representa a Venus. Va vestida recatadamente: lleva una túnica amplia y un manto de dos tonos, rojo y azul, que arrastra por el suelo; parece tener un vientre muy prominente, como si pudiera estar en avanzado estado de gestación; su cabello se cubre por un velo; se calza con sandalias. Se desplaza hacia la izquierda, adonde señala, según se ve por la posición de sus miembros y el extremo de su manto. Se trata de una representación de la Venus púdica.

Encima de Venus está un niño alado, desnudo, con los ojos vendados: es Cupido, el dios del amor físico, que está disparando una flecha de punta de fuego con su arco.

Venus y Cupido figuran elementos contrapuestos: la actividad de Cupido se contrapone a la actitud melancólica de Venus, siendo también contrapuestos sus sexos.

Cupido dispara su flecha a la joven que se encuentra en lugar central en el grupo de tres, a nuestra izquierda; este grupo representa a las Tres Gracias; las tres visten túnicas muy ligeras, amplias y llevan elaborados peinados; van descalzas.

A nuestra izquierda vemos a una joven que está de puntillas, avanzando hacia nuestra derecha: se trata de Castitas; su izquierda tira con fuerza de la mano derecha de la que está en el otro extremo; con su brazo derecho intenta detener a la compañera que ocupa el lugar central, la que va a ser herida por Cupido.

En el lugar central está Voluptas, que quiere irse con el joven del margen izquierdo. Es detenida frontalmente por Cástitas mientras que su otra compañera la sujeta por los dedos de la mano derecha; se ha quitado la manga izquierda de su túnica y está muy agitada.

Junto a Venus queda Pulchritudo, la tercera integrante del grupo, quien desea ir adonde la lleva Castitas y, por otra parte, retener a Voluptas.

Cástitas y Voluptas representan fuerzas contradictorias, mientras que Pulchritudo intenta equilibrarlas.

En el extremo izquierdo del cuadro está Mercurio, el dios de los misterios, de las cosas ocultas, representado como un joven tocado por un casco con yelmo, armado por una espada, que se cubre por un manto, o clámide, rojizo con bordados; va calzado con unas botas aladas. Está de espaldas al resto de la composición, ocupado en hurgar unas nubes del ángulo superior izquierdo con su caduceo.

3. CONTRASTE Y DIALÉCTICA EN EL NACIMIENTO DE VENUS Y
EN LA PRIMAVERA

En El Nacimiento de Venus, se nos presenta, sintéticamente, la acción animadora, vivificadora, creativa, del elemento Fuego sobre los otros tres: el Aire, la Tierra y el Agua.

El Fuego, representado por la mujer desnuda, de pie, de la concha, Venus-Afrodita, nacida del mar, es un Estado que existe sin más, esperando la acción de los demás desde el fondo de su esencia, diseminando su poder vitalizador, patente en la forma de la concha: los radios del molusco se extienden circularmente, como se expande el fuego, creciendo desde su foco, o surge el gas de una válvula. La desnudez de Venus indica la posición esencial, original, del fuego, dador de calor sin el que no podemos existir; la abundante cabellera rubia parece predicar ese carácter igneo.

Venus, el Fuego, está situada sobre el Agua, su elemento contradictorio, señalando su aspecto conciliador.

Las Aguas señalan el carácter opuesto, en su horizontalidad, al fuego que es vertical. Por otra parte, las Aguas expresan, en sí mismas, la superación de una contradicción: vemos como se unen las aguas marinas, saladas, tan amplias y tranquilas, con las aguas dulces que corren, serpenteantes y terrestres, del curso fluvial que vemos en la parte inferior derecha del cuadro.

El Aire está representado por la unión de dos factores también contradictorios del elemento: por una parte, está el Huracán, Eolo, el viento fuerte y frío, vestido de azul, de aspecto masculino, que sopla sobre el. Fuego con fuerza; por otra, el Huracán se une a su contrario, el suave Céfiro, la brisa, de aspecto delicado, cubierto por un paño marrón, que sopla con menor vigor.

La Tierra está representada en el Manto que ha de cubrir al Fuego para aprovecharse de su calor y que lleva el personaje femenino de la derecha; la representación de la Tierra, como la de las Aguas o el Aire, también es dualista: el verdor vegetal es horizontal, inmóvil y pasivo (manto) pero las especies vegetales son activas y brotan verticalmente, expresando la portadora del Manto, en su movilidad, ese carácter contradictorio.

Los tres elementos se unen entre sí: el Agua dulce atraviesa la Tierra antes de llegar a la salada del Mar; el Mar y la Tierra entran el uno en el espacio de la otra mediante los pequeños golfos que se forman; también el Aire riza, con el viento, formando olas, las Aguas del mar; finalmente, el Aire infla el manto de la Tierra y ésta envía flores a aquél.

Así pues, vemos a tres Estados de la Materia, contradictoriamente, en sus características originales, en torno al Cuarto Elemento, el Fuego, aquel que permite la Vida de los otros, presentado como mero Estado, esencia y motor, permitiendo que los otros participen de esa esencia y la transformen en Actividad. El Fuego es femenino por su carácter maternal, dador de Vida, significándose su carácter primigenio en su desnudez, ya que la Tierra no desea cubrirla por pudor sino para aprovechar su calor.

Si El Nacimiento de Venus representa los cuatro Elementos, en La Primavera, Botticelli nos presenta tres fases vitales y dialécticas relacionadas, siendo en ambas obras Venus el centro de interés.

La Primavera es la vida natural, el estadio anterior al humano; el Viento, elemento masculino, entra tempestuosamente por la derecha, captura a la Tierra y la desflora; todo en ellos es opuesto: el sexo, los colores, las actitudes, denotando firmeza el Viento y descoordinación la Tierra...; de esa unión de dos seres contradictorios surge la Primavera, que avanza serenamente distribuyendo flores.

La segunda etapa transcurre en el estadio humano: Castitas y Voluptas sostienen posiciones encontradas, ya que aquélla desea mantener el anillo de la danza, mientras que Voluptas desea irse hacia donde está Mercurio anticipando su gesto el efecto de la saeta que Cupido está disparándole; Pulchritudo, la tercera, intenta conciliar los dos extremos: ir adonde la reclama Castitas y contener a Voluptas y simboliza la Armonía y el Equilibrio; las actitudes de Castitas y Voluptas son contrarias a toda concesión, mientras que la disposición corporal de Pulchritudo, sosteniéndose sobre un solo pie y dando una mano a cada una, busca el compromiso.

La tercera fase de la dialéctica transcurre en el estadio divino: al furor fogoso de Cupido, patente en la punta de fuego de su flecha, se contrapone la contemplación misteriosa de Mercurio, hurgando con su caduceo en las nubes, que representan los misterios ocultos, dando Venus el Equilibrio y la Armonía Final situada centralmente entre la Primavera y Pulchritudo, personajes llenos de Equilibrio, siendo ella la síntesis de toda Armonía.

La posición de los personajes masculinos, triangular y marginal, y su similar caracterización (alados y armados: Cupido con flechas, Mercurio con espada y Eolo con su soplo huracanado) refuerza el carácter dialéctico y tripartito de la composición (fig. 5).

Los esqueletos estructurales y conceptuales de las pinturas nos permiten apreciar, plásticamente, este planteamiento (figs. 2, 3, 4 y 6).

4. CONCLUSIÓN

Botticelli nos presenta a los cuatro elementos en su Nacimiento de Venus y los diversos estados de vida (natural, humano y divino) en La Primavera; ambas obras están organizadas según un esquema centralizado y dialéctico, comportando la combinación de elementos opuestos (sexos, colores, pulsiones...); los diversos autores que se han acercado a estas obras coinciden en afirmar que esta pauta fue sugerida al pintor por el círculo intelectual del que formaba parte su cliente, Lorenzo de Pierfrancesco de Medici, para quien, según se cree, fue creado el conjunto hacia el 1480, decorando, en origen, su villa Castello, cerca de Florencia.

Los estudios sobre estas obras, con diversidad de orientaciones, constituyen, por sí mismos, un corpus impresionante al que, por razones de espacio, no nos podemos referir aquí, limitándonos a relacionar algunos textos brevemente en la bibliografía; nuestra aproximación es tan sólo un intento de poner en relación los datos visuales con los de carácter iconográfico y podría completarse con el análisis detallado de esta documentación y, también, mediante un análisis formal más amplio.

5. REFERENCIAS:

-Warburg (1883; l.ª reed., 1.970): "La Nascita di Venere a "La Primavera" di Sandro Botticelli ...", en Ricerce sullimagine ..., La Nuova Italia Editrice, pp. 1-58.
-Yashiro (1925): Sandro Botticelli, London y Boston, The Medici Society, 3 vols.
-Seznec (1940): La survivance des dieux antiques..., Londres, The Warburg Institute, pp. 101-105.
-Francastel (1969): La figura y el lugar, Caracas, Monteávila Ediciones, pp. 232-239.
-Wind (1972): Los misterios paganos del Renacimiento, Barcelona, Barral.
-Panofsky (1975): Renacimiento y Renacimientos en el Arte Occidental, Madrid, Alianza Editorial, Colección Alianza Forma, 121, pp. 274-286.
-Sebastian (1978): Arte y Humanismo, Madrid, Ediciones Cátedra, pp. 188-195.
-Panofsky (1979): Estudios sobre Iconología, Madrid, Alianza Editorial, Colección Alianza Universidad, 42, especialmente las pp. 139-228.
-Baldini (1982): Metodo e Scienza. Operativitá e recerca nel restauro, Firenze, Sansoni Editore, pp. 207?250 (ilustrado) y láms. LXXXII-XCII.
-Chastel (1982): Arte y Humanismo en Florencia, Madrid, Ediciones Cátedra, pp. 270-273 y 370-379.
-Gombrich (1983): Imágenes simbólicas, Madrid, Alianza Editorial, Colección Alianza Forma, 34, pp. 63-127.
-Chordá (1983): La Primavera de Botticelli ..., Barcelona, Estudios TMC (Producción de vídeo, U-matic), 30'.

PARA LAS FUENTES CLÁSICAS:

Ovidio: Las Metamorfosis, lib. X, 29-32.
Lucrecio: De rerum natura, Liber Quintus, 705-710.