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1. LA PERSONALIDAD DEL SANTO CHECO Y
LAS CIRCUNSTANCIAS Las últimas investigaciones antropológicas llevadas a cabo por un equipo de investigadores encabezado por el doctor Emanuel Vleek, volvieron a comprobar la existencia real de una personalidad tan discutida como San Juan Nepomuceno, uno de los santos más populares en el ámbito nacional (de lea Corona de Bohemia) e internacional. Juan de Porriuk, como se le llamaba originalmente, nació en el pueblo de Pomuk (hoy Nepomuk), Bohemia sudoccidental, en la vertiente sur de Zelená Hora (Montaña Verde), perteneciente entonces al monasterio cisterciense local. En su lugar natal hay una iglesia donde se muestra, en un altar dedicado al santo, un rótulo indicando dónde estaba su cuna. El padre de Juan, de nombre Wolflin, fue vecino de Pomuk y poseía tierras propias en los años 1355?67, llegando a ser alcalde de la misma ciudad. Aunque de habla alemana, se consideraba bohemio, o sea "checo", nacido en Bohemia. Su hijo Juan se firmaba "Johannes filius olim Wolflini de Pornuk". A partir del siglo XVI se utiliza el nombre de Nepomuk, en checo Jan Nepomucky: Juan Nepomuceno. En los documentos encontramos por primera vez el nombre
de dicho santo en 1370. Fue clérigo escribano en la oficina del
arzobispo Jan Ocko de Vlagim; luego consiguió el título
de notario imperial (1369-80); sacerdote de la capilla de Vlagim de
la catedral de San Vito de Praga de 138() a 1390, fue cura de la iglesia
de San Gal en la Ciudad Vieja de Praga (1382-1387) y en 1382 se fue
a Padova para estudiar el derecho eclesiástico, carrera en la
que terminó doctorándose. Sus capacidades quedan demostradas
por el hecho de que en 1388 fue elegido rector del ,grupo de los estudiantes
transalpinos. Al mismo tiempo fue canónigo de la iglesia de San
Gil (1382-89). Al regresar a Bohemia, subió poco a poco en la
escala de cargos eclesiásticos: primero fue nombrado canónigo
de Vysehrad y arcipreste de Zatec, hasta que el arzobispo Jan de Jengtejn
le nombró su Vicario General del capítulo metropolitano
(de San Vito). De 1390 a 1393 fue arcipreste. Murió el día
20 de marzo de 1393 en circunstancias que le valieron más tarde
fama de santo. El día 15 de marzo de 1393 llegaron a la sede del arzobispo en la ciudad de Roudnice el Vicario General Juan de Pomuk y el oficial Nicolás Puchník, para instarle a que regresara a Praga para negociar con el rey. Se fijó una cita con el rey para el día 20 del mismo mes con el fin de firmar un acuerdo entre el rey y el arzobispo. El rey Wenceslao anuló el acuerdo inmediatamente y mandó detener a Puchník, a Juan y al preboste de Meissen, Wenceslao Klobloch, así como al propio arzobispo. Éste, protegido por sus fieles servidores, logró huir y abandonar Praga. Los restantes fueron llevados al Palacio Real, donde, en la sala capitular, fueron interrogados por el propio rey. Luego fueron llevados a la casa del juez y más tarde a la cámara de tortura con las manos y las piernas atadas y allí fueron interrogados otra vez. Algunos de los detenidos renunciaron a la colaboración con el arzobispo. Quedaron al fin Juan de Pomuk y Nicolás Puchník, quienes fueron cruelmente torturados. Después del martirio, el rey quería hacerles ahogar, pero entonces, intimidados, todos excepto Juan firmaron un documento ante el notario público afirmando que no dirían nada sobre las torturas y prometiendo, además, estar en contra de su arzobispo. Parece que las torturas hicieron lo suyo; de modo que Juan no fue capaz de reaccionar como los demás. Entonces, el rey ordenó tirarle al agua por el puente de Praga (el único existente en aquel entonces, hoy llamado puente Carlos). Eso sucedió el día 20 de marzo de 1393 alrededor de las nueve de la noche. Así entró Juan Nepomuceno en la historia y en la leyenda. La base del conflicto, según la tradición,
fue la confesión de la reina. En las reuniones confidenciales
del rey y su consejo con el antipapa Clemente VII, quien intentaba conseguir
que el rey checo se pusiese a su lado, se pensó, en la primavera
de 1391, ofrecer a Wenceslao la hija del rey de Aragón como esposa
(a Avignon había llegado el rumor, proveniente de los círculos
de la corte de Praga, de que el rey se proponía abandonar a su
esposa). El rey de Aragón pertenecía a los partidarios
del antipapa Clemente. El rey Wenceslao hubiera necesitado la anulación
eclesiástica de su matrimonio con Sofía de Baviera. Para
ello era necesario consultar a un especialista en derecho eclesiástico.
Y éste era Juan de Pomuk. Es bien posible que el rey le torturara
para saber qué le La muerte de San Juan Nepomuceno está registrada en las actas judiciales del consistorio de Praga. El día 17 de abril (o al día siguiente) salió su cuerpo a la superficie del río, como queda testimoniado por la crónica del monasterio de Zlatá Koruna, de la segunda mitad del siglo XV. Su cuerpo fue hallado cerca del monasterio de San Francisco de Praga; fue enterrado en la iglesia del monasterio de los ciriacos de Praga (Santa Cruz la Mayor), destruido en 1890. El día 22 de noviembre de 1396 fue trasladado a la catedral de San Vito, en cuyo deambulatorio fue enterrado, según se desprende de las Actas procesales del consistorio, pues en la misma fecha, Nicolás Puchník mandó ordenar una misa en recuerdo de Juan. En la tumba, rodeada de rejas, el cuerpo de Juan quedó intacto durante trescientos veintiséis años. El primer informe sobre la muerte de Juan es auténtico. Su autor es el propio arzobispo y está contenido en una queja contra el rey que se presentó ante el papa tres meses más tarde. Fue descubierta en 1752 en el archivo del Vaticano. Del testimonio del arzobispo se desprende que su vicario general fue martirizado por haber cumplido sus deberes oficiales. Jenstejn le llama aquí "mártir". Otro testimonio proviene del canónigo de Roudnice, Pedro, quien escribe en 1402 sobre Juan como mártir. Otro informe lo produjo el monje agustino de Resenburgo, Andrés, quien relató que el rey había dejado ahogar en el agua al famoso maestro de teología y al mismo tiempo confesor de la reina Sofía también por el hecho de haberse negado a revelar la confesión de la reina. Aquí está el origen de la futura calificación de Juan de Pomuk como mártir del sigilo de la confesión. La información de Andrés la repitió
en 1449 Tomás Ebendorfer de Haselbach en su Chronica Regnum
romanorum. También se refirió a Juan en términos
similares el canónigo Pavel Zídek en su escrito Spravovna
del año 1470. Otros datos fueron registrados por el decano del
capítulo de Praga, Juan de Krumlov, en los años 80 del
siglo XV. Éste recuerda la muerte de Juan poniendo la fecha de
1383. En la mitad del siglo XVI esta fecha errónea fue grabada
en la nueva piedra de la tumba de Juan. El historiador renacentista
Václav Hájek de Libocany, quien escribió en el
siglo XVI su Crónica checa, no supo compaginar la citada
fecha con la auténtica de 1393, de modo que comenzó a
hablar de dos Juanes, uno ahogado en 1383 por haber guardado el sigilo
de la confesión y otro ahogado en 1393 por haber confirmado al
abate de Madruby en sus funciones. Así ocurrió que la
tumba en el deambulatorio de la Su biografía fue enriqueciéndose cada vez más con datos personales inciertos, hasta con la fecha errónea de su muerte de 1383. Como tal fue beatificado el 15 de marzo de 1721 y el 19 de marzo de 1729 canonizado. Mientras, el personaje real cayó en el olvido. Bajo la influencia de la veneración creciente a Juan de Pomuk, el capítulo pidió en 1719 que se le canonizara. El papa ordenó la exhumación, a la cual asistieron sobre todo personalidades del mundo espiritual y eclesiástico. Sacaron el cadáver de la tumba. De la calavera salió una materia roja, que se calificó de lengua, la cual se cerró bajo sigilo en una cajita y volvió a colocarse en la tumba. El día 17 de abril del mismo año se volvió a sacar el ataúd y la lengua se colocó en el altar cercano. En 1721, año de su beatificación, se insertó en una nueva arca de dimensiones de 44 X 14 cm. en forma de relicario cerrado. Después de la beatificación, el capítulo insistió en la canonización, por lo cual se volvió a abrir la tumba v se señaló que quedaba intacta desde la última investigación. El día 27 de enero de 1725 se sacó la lengua. Se encontraba en estado seco, de color gris, pero durante tres cuartos de hora enrojeció y durante una hora aumentó en proporciones. Así fue observada durante dos horas. Ya en 1719 se había proclamado milagroso el hecho de encontrarse su "lengua", impresión que volvió a confirmarse de manera más rotunda en esta ocasión, lo cual, en calidad de milagro, contribuyó también a declararle santo. Entre 1733 y 1736 se realizó la construcción de una nueva tumba. En el transcurso del tiempo se volvió a abrir varias veces, la última el día 29 de junio de 1972, por una comisión de médicos y antropólogos, encabezados por el Dr. Emanuel Vleek, del Museo Nacional de Praga. Según la investigación antropológica actual, el esqueleto se conservó casi completo. Se señaló que debido al hallazgo de la herida en el hueso de la articulación del hombro y la estancia del cuerpo en el agua se trata indudablemente de Juan de Pomuk, vicario general del tercer arzobispo de Praga, Jan de Jenstejn, muerto el día 20 de marzo de 1393. Era una persona de 169 cm. de altura, de cara delicada, de constitución más bien débil. Por el estado de la columna vertebral se trataba de un hombre entre 44 y 50 años, lo cual significa que había nacido poco después de 1340. El esqueleto registra varios testimonios de violencia incluso en la cara. Se trata de fuertes golpes con un instrumento redondo. Esta herida. tuvo como consecuencia el desmayo y después la muerte por hemorragia en la parte delantera y central de la calavera. El estado de los huesos extremos del omóplato derecho se puede tener por testimonio de una luxación de huesos del hombro. Debido a que el cuerpo de Juan de Pomuk salió a la superficie luego de permanecer cuatro semanas en el agua, se llega a la conclusión de que había sufrido golpes tan fuertes que murió ya al ser interrogado o transportado por las calles de Praga. Al río Vltava fue arrojado el cuerpo muerto. En cuanto a la lengua, se señaló que en el siglo XIX hubo dudas acerca de la autenticidad de la materia de la lengua. De los existentes protocolos de exhumación se desprende que no hay motivo para creer que no haya estado en la calavera. En aquella época no se conocía la posibilidad de la conservación del tejido humano durante un largo tiempo, incluso siglos, de manera que se entiende por qué el médico del siglo XVIII lo haya interpretado de manera sobrenatural. La investigación histológica actual demostró que la reliquia de la lengua de San Juan Nepomuceno es indudablemente de origen orgánico, según la investigación microscópica y serológica de la materia; ésta no contiene estructuras histológicamente definibles, lo cual lleva a la conclusión de que está formada por el cerebro seco y descompuesto conteniendo una gran cantidad de sangre que se acumuló después de la muerte de este hombre en su cabeza. Se confirmó asimismo que la materia de la reliquia y de los restos corporales son del mismo grupo sanguíneo. Se trata entonces de los restos de la fibra del cerebro, sus venas y sangre, cuya vitalidad aparente fue dada por la hidratación, que se conoce también en otros casos. No se trata entonces de la lengua y aún menos "incorrupta". Es incorrupta únicamente en el sentido espiritual. Con ello hay un argumento menos para probar la conservación milagrosa del órgano del habla. Lo más importante del caso es que se haya confirmado la existencia física y la identidad de la persona y la realidad de sus restos mortales.
La evolución del culto al santo checo Juan Nepomuceno fue elaborada recientemente con detalle en dos oportunidades. Primero, Václav Rynes publicó un libro en Roma haciendo un análisis detallado de la historia de su culto; después se celebró una magna exposición dedicada al santo con motivo del aniversario de su canonización, que recorrió Viena, Munich y Passau, organizada por la Asociación Adalbert Stifter Verein, cuyo catálogo (1971 y luego 1973) escogió los prototipos más insignes en la obra de arte y los clasificó de manera sistemática. Varios estudios allí publicados parecen inmejorables. Se prestó también una breve atención a la difusión mundial fuera del ámbito del Sacro Imperio Romano, incluso se mencionó el caso de México, pero hace falta un estudio sistemático. El primer eco es indirecto. El reformador religioso checo Ptr Chelcicky, en su escrito La red de la auténtica fe, criticaba la abundancia de santos patronos (1440-1443), refiriéndose a santos que servían contra "la deshonra mundana.". Se refería indudablemente a que el sacerdote martirizado hacía medio siglo ya se consideraba patrono de la buena fama.. Después de las guerras husitas, a mediados del siglo XV, la piedra lapidar funeraria de Juan Nepomuceno en la catedral de Praga fue provista de reja, según testimonia un escrito de la época agregado a una información sobre un oficio de devoción celebrado ahí en 1416. En la época del cronista Václav Hájek de Libocany se relacionó la muerte de Juan con el hecho de que se había secado el río Vltava en 1383 (por cierto, un hecho tan raro que los contemporáneos recurrieron a una explicación metafísica). Ya durante la primera época hubo en la piedra sepulcral un rótulo que aludía también al secreto de la confesión. Asimismo, en el libro de Bedrich de Donín (1574-1634), escrito en 1610, se hacía referencia al culto de Juan por el secreto de confesión. No es de extrañar, pues al filo de los siglos XVI y XVII el problema de la confesión se tenía por uno de los más importantes. En su escrito Bohemia Pía de 1608, el preboste metropolitano Jorge Bertold de Pontantis de Breitenbarg mencionó a Juan "limosnero y mártir" entre los santos patronos del país, refiriéndose al secreto (le la confesión. Y ya en 1599 había publicado, en el libro Spirituale Regni Bohemiae Jubilum (en latín, checo y alemán), una "oración al santo Juan Confesor de la reina Juana, esposa del rey Venceslao". En la edición checa de este libro, titulado Duchovní obveselení koruny ceské (o sea, "Alegría espiritual de la Corona de Bohemia") aparece, con la mayor probabilidad, la primera representación gráfica de Juan, aunque con vestido contemporáneo. Después de la Batalla de la Montaña Blanca (1620), cuando en Bohemia ganan los católicos, partidarios del imperio, aumentó naturalmente el culto al santo. Así, el 16 de julio de 1621, el arzobispo Juan Lohelius consagró un altar de la capilla de Vlasim, en la misma donde Juan de Pomuk servía antes de capellán, un altar de la Visitación, con los santos Lucia, Otilia, Clemente y beato Juan Confesor. Se renovó su sepulcro casi destruido en 1619 por los calvinistas. También en Nepomuk se estableció su culto gracias al decano Gaspar Pedro Drauskovus, de origen silesio, quien desempeñó su cargo allí de 1629 a 1658; Drauskovus movió al señor de Zelená Hora, Francisco Carlos Sternberk (Sternberg) para que construyera una iglesia en el lugar de la casa natal de Juan. Probablemente fue también él quien escribió y publicó, ayudado por el jesuita Jirí Plachy (Ferus) de Horsovsky Tyn, el escrito Fama posthuma en checo, latín y alemán, dando gran impulso al aumento de su culto. La iglesia se construyó de 1643 a 1660. Como Juan no había sido todavía canonizado, se consagró a San Juan Bautista, pero en el altar mayor se colocó una pintura representando a Juan Nepomuceno, obra del máximo pintor checo de la época, Karel Skréta. El destino trágico de Juan llegó a ser tema frecuente del teatro de las escuelas latinas, dirigidas por los jesuitas. La primera pieza se presentó el día 22 de setiembre de 1672. Se hizo famosa la pieza que se escenificó en el teatro pilarista de Litomysl, lugar de residencia protestante. Se concilió como contraposición de dos Juanes, Juan Nepomuceno y el maestro Juan Hus, el reformador, cuya muerte dio impulso a las guerras husitas. Desde entonces es natural hablar del uso del culto a San Juan Nepomuceno para contraponerle al reformador y borrarle de la memoria del pueblo en las zonas no católicas. En el s. XVII surgieron también nuevas biografías que, de acuerdo a la época, exageraban ciertos hechos en la vida de Juan de Pomuk. Son sobre todo las de Jan Tanner y Bohuslav Balbín, jesuitas patrióticos que repetían los datos de la crónica de Hájek. Del año 1668 proviene el manuscrito del canónigo
Juan Ignacio Dlouhovesky de Dlouhá Ves, quien agregó datos
curiosos diciendo, por ejemplo, que bajo la influencia de su confesor
(Juan), la reina había renunciado a los placeres mundanos, lo
cual enfadó enormemente al rey. Otro detalle que cuenta es que
el rey dejó asar a un cocinero suyo que había quemado
un pescado, contra lo cual protestó Juan (que, además,
condenó esta crueldad desde el púlpito de la catedral). También Jirí Kruger (Crugerius) señaló en Maiales Triumphi (1669) que otras naciones no tenían un mártir similar de la confesión. El escrito de Dlouhovesky sirvió como fuente para la famosa Vida de San Juan Nepomuceno, canónigo de la iglesia metropolitana de San Vito, sacerdote y mártir, escrita por Bohuslav Balbín y terminada en 1671, donde se destacan, por ejemplo, el sermón profético de Juan prediciendo las guerras husitas que se desatarían dos decenios más tarde en la iglesia de San Vito. Defraudando las esperanzas de Balbín, La vida no fue publicada por el capítulo y no apareció hasta 1680 como suplemento al tercer tomo de las "Acta Sanctorum" de los bollandistas. Balbín la publicó en su libro Bohemia Sancta en 1682 en la parte dedicada a personas que habiendo vivido en el país fueron matadas a causa de su adhesión al reino de Cristo y a su santo nombre, entre los santos de segunda clase, es decir, entre aquellos que no fueron registrados por el papa como santos o beatos, pero que, a pesar de ello, eran tenidos y venerados por santos o considerados así por escritores de confianza e importancia. Fue Balbín el que dio impulso al movimiento por
la canonización. También el decano patriótico Tomás
Juan Peina de Cechobrod mencionó en 1663, en su libro Prodomus
Moravographiae, a San Juan Nepomuceno corno hombre de vida santa
y en el libro Mars Moravicus (1677) decía: "Ya estamos
tratando de que la estimación del santo mártir -hasta
ahora privada- llegue a ser pública en la Iglesia". El impulso
decisivo en este sentido fue el hallazgo de lo que se creía entonces
que era su lengua incorrupta, que dio las bases para que el arzobispo
de Praga presenlara una petición oficial alegando que a Juan
de Pomuk se le reconocía como santo desde tiempos inmemoriales.
La beatificación fue celebrada en Praga y Bohemia con fiestas
pomposas, a partir del día 4 de julio de 1721, fiesta de San
Procopio. Los restos del nuevo santo fueron colocados en la catedral
de San Vito entre dos altares por encima del antiguo sepulcro. Sobre
el ataúd se erigió un baldaquino y por encima un escultura,
sobre la cual hubo una corona mantenida por angelitos. El año
1723 se permitió celebrar la fiesta del beatificado Juan también
en Polonia y en Lituania. Mientras tanto continuó el proceso
de canonización. El año 1725 fue enviado a Roma el canciller
del arzobispo de Praga con respectivos documentos. Como relator del
proceso de canonización fue designado el cardenal español
Alvaro Cienfuegos. La petición de Praga fue respaldada, curiosamente,
por una demanda procedente de México para que se permitiesen
celebrar las horas y la misa, pues el culto al beato Juan había
sido limitado a los países de la Corona de Bohemia, el Imperio
Romano Germánico y, en general, los países habsburgos.
No he tenido la oportunidad de averiguar quién presentó
esta petición mexicana, pero sería muy interesante llegar
a saberlo. Después de la declaración del confesor de la
fe en febrero de 1729 diciendo que no había objeciones de su
parte, se decidió proceder a la canonización según
la bula papal del 19-III-1729. La ceremonia se llevó a cabo en
la basílica de San Juan de Letrán el día de San
José, o sea el 19 de marzo de 1729. Se estableció que
su fiesta se celebrara el día 16 de mayo. No es necesario subrayar demasiado que este acontecimiento tuvo una gran importancia en la reafirmación nacional checa o, por lo menos, en la de Bohemia, sometida al imperio austríaco. Del 9 al 16 de octubre de 1729 se organizaron en los países checos pomposas celebraciones por la canonización del nuevo santo. En tres años, de 1733 a 1736, se hizo una adaptación monumental de su sepulcro. Se encargó al artista vienés José Manuel Fischer de Erlach (1693-1743) y al italiano Antonio Corradini; del trabajo en plata se encargó el platero Juan José Wurth, asimismo de Viena. Los vasos y las figuras alegóricas de La Justicia, La Fuerza, La Sabiduría y La Taciturnidad fueron obras de José Seitz. El baldaquino con cuatro ángeles de plata, de I. Novák, es un poco posterior (de 1771), siendo encargado por el preboste Strachovsky. En cuanto al número total de patrocinios en los países de la Corona de San Wenceslao (Bohemia, Moravia, Silesia), San Juan Nepomuceno se sitúa en el cuarto lugar. Le anteceden solamente la Virgen, San Wenceslao y la Santísima Trinidad y le siguen San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo. A fines del siglo pasado (1895) había en el territorio de los países históricos 293 iglesias y capillas consagradas a San Juan Nepomuceno. El principal foco de su culto fue la catedral de San Vito, lugar de su sepulcro y quizá escenario de una parte de su vida; luego, desde la primera mitad del siglo XVII, la ciudad natal de Nepomuk, donde se publicó un libro especial, aunque, como ya observamos, la iglesia local fue consagrada oficialmente a San Juan Bautista. En Praga hay dos centros más: la iglesia de San Juan en la Roca (Sv. Jan na Skalce) donde se fundó una capilla en 1691, y luego, en 1730 se colocó la piedra fundamental de la nueva iglesia, obra del máximo arquitecto del país, Kilián Ignacio Diezenhofer. En ésta, entre las torres se sitúan figuras alegóricas de la Fe y la Caridad y en el centro se encuentra el león heráldico de Bohemia con el cetro; por encima de él hay un obelisco sosteniendo el busto del santo coronado por su lengua, rodeada de rayos. La nave central está decorada por un fresco de Karel Kovár, que representa la Glorificación de San Juan Nepomuceno.
3.1. Las representaciones más antiguas y típicas Hemos observado que a Juan Nepomuceno se le rendía culto desde muy temprano, prácticamente desde poco después de haber sido arrojado al río. Sus primeras representaciones gráficas son de fines del s. XVI, de la época de Rodolfo II (es decir, poco después del Concilio de Trento y después también del incendio de Hradcany en 1541). De todas maneras, mucho antes de que fuera declarado oficialmente como santo. Sin embargo, el verdadero principio hay que buscarlo en el momento en que se completa el conjunto de los santos patronos del país (seis desde el siglo XIV) con nuevas personalidades. Lo notamos en la comentada obra de Jorge Bartold Pontanus Spirituale Regni Bohemiae Jubilum en 1599. En la traducción checa de esta obra se publica un grabado que representa a Juan Confesor con vestido de sacerdote de la época, arrodillado ante el crucifijo. El tema de la confesión misma aparece por primera vez en la colección del mismo Pontanus Hymnorum sacrorum de beatissima Virgine Maria et S. Patronis S. R. Bohoemiae libri tres del año 1602, donde encontramos en el primer plano la confesión de la reina Juana y, al fondo, la escena de la muerte de Juan siendo arrojado del puente, y, finalmente, una iglesia, probablemente la de Santa Cruz, lugar de su primer sepulcro. Este tema apareció también en la hoy inexistente iglesia del Cuerpo de Cristo (Corpus Christi) en la actual Plaza Carlos, con la diferencia de que el confesor viste el manto de canónigo. Las primeras representaciones de Juan, en tanto que persona aislada, se remontan al año 1639. Figura en la puerta de la actual capilla de coro de la catedral de San Vito entre otros santos patrones de Bohemia. Este. representado en cabellos, pero con nimbo, viste el manto de canónigo y tiene un libro en la mano; abajo aparece la escena del puente. En el altar mayor se venera una escultura de madera, modelo de la escultura en bronce que se encuentra en el puente Carlos (desde 1819). En el púlpito hay relieves que representan dos milagros atribuidos al santo: la salvación de Rosalía Hodánková y la curación de Teresa Krebsová, hechos que se indicaban como milagros, y como tales figuraron en el proceso de canonización. Diez años antes se colocó en Hradcany (cerca del Palacio Real) la piedra fundamental de la iglesia de San Juan adjunta al monasterio de las ursulinas como expresión de gracias por la curación de Teresa Krebsová, que había ocurrido allí mismo en 1701. Como en el caso anterior, también aquí el arquitecto fue K. I. Dienzenhofer, mientras que la bóveda fue decorada con escenas de la vida y de los milagros de San Juan, por Wenceslao Lorenzo Reiner (1728). Las pinturas de los retablos, de Juan Krystof Liska, fueron transportadas de la hoy inexistente iglesia de San Adalberto. También hubo un centro importante del culto en la iglesia de la Santa Cruz Mayor de los ciriacos, suprimida durante las reformas josefinas. Fuera de Praga está la iglesia de Zelená Hora, cerca de Zdár, edificada en forma de estrella de cinco puntas por el abate cisterciense Wenceslao Vejmluva, quien quiso enlazar así con la tradición de los cistercienses de Pomuk (Nepomuk), en estilo del gótico barroco, muy típico del Dais. Su arquitecto fue Juan Santini Aichel. Por coincidencia, se trata de obras de los dos mejores arquitectos barrocos de Bohemia del momento. En una pintura votiva de la familia real del año 1631, obra del pintor M. Mayer de Praga, conservada en San Vito, la figura de San Juan está entre patronos checos con manto de canónigo y bonete en la cabeza. En la misma época surgió un cuadro hoy desconocido cuya existencia está probada por un grabado de 1661: mantiene una pala y un libro. Hay más obras, no conservadas pero descritas, surgidas en los años 1621 y 1645. Un nuevo motivo aparece a mediados del s. XVII en la catedral de San Vito en el altar de la capilla de la Visitación. Juan aparece no sólo como confesor de la reina, sino también como limosnero. Este motivo aparece también en el cuadro de Karel Skréta en Nepomuk, igual que en la primera biografía del santo, Fama Posthuma. La mayoría de las imágenes son grabados de libros y muestran con la suficiente claridad que en la primera etapa de su culto se ponía el acento en su sacerdocio (el libro -es decir, el breviario- y el bonete), su calidad de canónigo (el manto) y su martirio (palma). A mediados del siglo XVII comienza a aparecer, aunque no a prevalecer, su representación como limosnero. El motivo de la cruz, que está presente ya en la primera representación gráfica, se convertiría en símbolo inseparable de este santo. Fue quizá mediante la unión de los motivos del sacerdote martirizado y del crucificado como fuente de su resistencia interior y de su piedad, como se mostró en la ilustración del libro de Pontanus en su versión checa. En los demás trabajos de la época la cruz no aparece, salvo en una ocasión, en la mano. En el cuadro con Juan muerto que pertenecía en el siglo XVIII a la familia Ledvinka de Aldersfels, pero que, según la tradición, provenía de la propiedad familiar de los Skréta (herederos del pintor Karel), reaparece el motivo de la cruz. En él, el muerto, vestido de canónigo, con el bonete en la cabeza y estrellas por encima, mantiene una cruz en la mano. Merece la atención el motivo de las cinco estrellas. Aparece por primera vez en el citado cuadro de la propiedad de Ledvinka. En la crónica de Václav Hájek (1541) se señala que en la noche "se veían muchas luces sobre su cuerpo en el agua". También Pontanus (1602) señala en su himno que brillan varias luces en las olas. Las luces se convierten en estrellas en el escrito de Fama Posthuma de 1641, aunque después otros escritos siguen hablando de luces. Es a partir de esa fecha cuando las estrellas aparecen en pinturas y esculturas. Esta doble interpretación volverá a aparecer también en los cuadros mexicanos que vamos a comentar más adelante. Vemos que las luces de definición incierta se convierten en estrellas, más concretas. Las estrellas se hacen valer sobre todo en la escultura, donde es más fácil representarlas que las luces, mientras que en la pintura, aún en el tardío s. XVIII, siguen apareciendo luces en forma de fuegos. Entre las variantes más antiguas (esculturas) del prototipo iconográfico del santo vestido de, canónigo, con bonete, cinco estrellas alrededor de la cabeza, y con el crucifijo en la mano derecha, mientras que en la izquierda mantiene la palmera del martirio, hay una que se guarda en Ustí nad Orlicí (1663). Sin embargo, el alcance y la fama mundial lo tiene el tipo realizado en 1681, por encargo del barón Wunschwitz, por el escultor vienés Matías Rauchmüller en yeso y que el escultor Jan Brokoff taló en madera en el palacio del mismo barón en Pobézovice en tamaño mayor que natural. Según el modelo de Brokoff, el fundidor Volf Jerónimo Herold, en Nürnberg, hizo en 1683 una escultura en bronce. Esta escultura fue colocada en el puente Carlos el mismo año y el modelo está desde 1819 en el altar mayor de la iglesia de San Juan de la Roca. A pesar de su difusión mundial, este tipo no conquistó una posición exclusiva. Paralelamente, se representaba también al Santo en tanto que limosnero, en Praga, en la escultura delante de la iglesia del Espíritu Santo (procedente de la iglesia de Santa Cruz la Mayor). En total hubo 293 santuarios, pero el número de imágenes suyas sería infinitamente superior. También habría una cierta variedad iconográfica, aunque prevaleciendo el prototipo del Puente de Carlos, que se refleja tanto en la escultura como en la pintura. En Bohemia especialmente, el movimiento de la Reforma Católica había sostenido la definición arquitectónica de los "lugares sagrados" y durante los dos siglos siguientes el paisaje de la Europa católica se saturó de monumentos religiosos: cruceros en los caminos, imágenes de San Juan Nepomuceno en los puentes... etc. Los cruceros señalaban las encrucijadas, mientras que San Juan Nepomuceno atestiguaba el verdadero significado del puente como lo expresaban las palabras de Heidegger: "El puente recoge la tierra como paisaje en torno al río". El máximo testimonio lo representa el puente Carlos de Praga. A estos lugares sagrados pertenecían también las columnas contra la peste, que se construían en lugares importantes en memoria de la superación de epidemias de peste, a veces de fuegos, incendios, etc., y eran una expresión popular de la fe. En el s. XVII se hacía valer sobre todo la Virgen, Inmaculada Concepción, y luego, en el s. XVII, la Santísima Trinidad. Aparte, figuran muchos santos que se tenían como patrones contra la peste (San Roque, Santa Rosalía, San Sebastián, etc., y santos patronos del país). Entre estos santos que aparecen en las columnas figura también Juan Nepomuceno, cuya columna fue construida durante los preparativos de su canonización. San Juan se advocaba también como protector contra la peste. No pocas columnas se le consagraban por completo, como en Pocátky (1720), en Sedlo, Dobrovice, etc...
3.2.1. Los patronatos de San Juan Nepomuceno Se le advocaba en las situaciones más variadas, por lo cual su culto está extendido por todas partes. Aparece como uno de los patrones del Reino de Bohemia ciento treinta años antes de su canonización. El rey le dio el título del "máximo patrono del país" el mismo año de su beatificación y, aunque sin una declaración formal, lo evocaban como protector del país, tanto el arzobispo (1729) como el capítulo de San Vito (1737). En el martirologio romano, o sea, en la lista oficial de la Iglesia, se le recuerda como patrono de la provincia eclesiástica de Bohemia. Su fiesta, el día 16 de mayo, se celebra en varias provincias alemanas, en Eslovaquia, Polonia, Hungría e Italia. Sus patronatos:
Según Franz Matsche, reconocemos varias situaciones que podemos resumir en los siguientes prototipos iconográficos: 1. La figura aislada del santo puede tener carácter retórico. Así, como misionero-jesuita y contrarreformista-apologético, triunfalmente observador, propagandístico. 2. Patrono de los difamados, una especial versión de los gloriosos. Significa la victoria sobre la difamación y se difunde especialmente en el grabado. El santo está sentado o de pie encima de una nube (especialmente en el grabado de Probst, no. cat. 99 de Augsburgo). A veces mantiene su lengua en la mano. La calumnia suele ser representada como una mujer, con serpientes en vez de cabellos, debajo de la figura del santo. También suele tener un pez, por debajo de sus pies, como atributo del silencio (antes de él, sólo lo tienen como atributo los obispos Ulrich y Benno). El prototipo de esta representación es la estatua de F. M. Brokof en Horín, cerca de Mélník. El lirio alude a la vida llena de virtudes, y a la vez tiene connotaciones mariológicas. A veces está situado sobre el globo, con lo cual recuerda a la Inmaculada. La lengua significa el silencio incorruptible. Además, suele tener una antorcha en llamas, o una concha, una urna acuática o una personificación alegórica del río Moldava (Vltava) como un dios acuático. 3. Las representaciones escénicas se difundieron a partir de la Vita de Bohuslav Balbín, publicada en 1680 en Acta Sanctorum. Fueron representadas por J. A. Pfeffel en 31 grabados en cobre, que acompañan las ediciones latina y alemana de esta obra aparecidas en 1724 y 1725 en Augsburgo. En ambas las escenas son idénticas pero la decoración es ligeramente más rica en la última. Como primera escena aparece el nacimiento del santo (Pfeffel, 2), en analogía con San Juan Bautista, al igual que, como veremos, más tarde, con su predicación (el conflicto de Juan Nepomuceno con el rey se compara con el choque de San Juan Bautista con Herodes). 4. La curación del muchacho enfermo Juan Nepomuceno
(Pfeffel 3). Siendo muchacho, S. Juan fue curado por ayuda de la Virgen
al advocar la graciosa imagen de la Madre de Dios en el monasterio cisterciense
de Nepomuk. Se trata de una analogía de la proximidad de la Virgen
a San Juan Evangelista. 6. San Juan Nepomuceno pintor. La leyenda dice que Juan pintó en la fachada de su casa natal una pintura al fresco con la Crucifixión (Pfeffel 28). 7. San Juan como maestro de Teología y de Derecho Canónico en la Universidad (Pfeffel 5). Por esto tiene muchas veces como atributo un libro. 8. San Juan como predicador (Pfeffel 7). Según la leyenda, fue un gran predicador. Tiene significado cristológico. 9. San Juan como limosnero (Pfeffel 8). Muy importante en la popularización de su culto. En el grabado de Pfeffel esta escena está al fondo, pero en la pintura y grabado en general es muy importante. También se da en la escultura. Aquí se ofrece un paralelismo con Santa Isabel y San Carlos Borromeo. Este aspecto asegura su popularidad entre pobres. Por otra parte, esta similitud con Carlos Borromeo ocasionó que de vez en cuando se les confunda. 10. Protector de pobres (Pfeffel 11). Como fue doctor en derecho, se le tenía por abogado de pobres. Se aproxima al tipo anterior y se une con la alegoría de la Caridad. 11. Reprobador del crimen de Wenceslao IV. Alude a que cuando un cocinero quemó un capón, el rey, enfurecido, dejó asar al mismo cocinero, lo cual fue condenado por Juan. Aquí se le compara con San Juan Bautista frente a Herodes. 12. La confesión de la reina (Pfeffel 10), una de las causas principales de su martirio. Como ya hicimos notar, esta ilustración se da a partir de 1602 (Jorghe Berthold Pontanus de Breitenberg). Figura también en el relieve de la estatua del puente de Carlos de 1683. Es uno de los temas más representados por los pintores; por ejemplo, el austríaco Troger (Altenburg), G. M. Crespi (en Turín), Cosmas Damian Asam y Maulbertsch. 13. La prueba, o sea la insinuación (Pfeffel 12). Representa al rey Wenceslao dejando escoger a Juan Nepomuceno entre regalos de todo tipo (por ejemplo, entre la mitra obispal e instrumentos de martirio). Se entiende como un paralelismo de la tentación de Cristo por el diablo. 14. La oración ante la cruz (Pfeffel 18). El ejemplo más temprano lo observamos en la primera representación gráfica del año 15. Se entiende como una analogía con escenas de las vidas de San Bernardo de Claraval, Carlos Borromeo, Francisco Javier, etc. A veces la cruz está situada sobre un globo. 15. San Juan Nepomuceno como partidario del culto mariano.
Antes de su muerte, San Juan Nepomuceno hizo una peregrinación
a la imagen milagrosa de la Madre de Dios Palladium en Stará
Boleslav (en alemán, Altbunzlau), para entregarse en la hora
de la muerte. Se le representa durante la peregrinación (Pfeffel
20) o, con más frecuencia, orando ante la imagen de la Virgen
(Ecce Mater Tua). Por ejemplo, Lorenzo Mattielli en San Pedro de Vieria
(1729) le muestra cuando es tirado al río con una imagen de la
Virgen encima de la escena. 17. En el tormento (Pfeffel 16). El punto de partida será el relieve en el sepulcro de la catedral de San Vito. La representación más completa se observa en la pintura mural de V. L. Reiner en la iglesia de San Juan Nepomuceno en el Loreto. 18. El santo arrojado del puente (Pfeffel 22). Es, junto con la confesión, el tema central desde comienzos del s. XVII. Hasta Tiépolo (iglesia dei Frari en Venecia) se ocupa de él. Una de las versiones más tempranas fue la de Agostino Massucci, de 1729, en la basílica laterana de Roma, que fue mostrada luego en Praga. Aparece también junto con la personificación del dios del río Moldava. 19. El cadáver iluminado en el agua (Pfeffel 23) con luces o fuegos celestes o estrellas en torno al cuerpo o alrededor de la cabeza y, muchas veces, con el crucifijo en las manos. A menudo está tendido sobre nubes que emergen del agua. Ya Galuzzi dice que hay algunos autores que "en lugar de llamas ponen el nombre de Estrellas, sea porque han tomado un nombre por otro, por la semejanza de la luz, o porque acompañaron también éstas al Santo Cuerpo difunto. Circunstancia que se conforma con una antigua imagen del santo representado con la cabeza adornada de relucientes estrellas, lo cual también se saca de su Vida que se imprimió con láminas el año de 1725 en Augsburgo. Esta información es de interés para el estudio de la iconografía novohispana y explica la presencia inás común del santo de Bohemia. 20. La salvación del cadáver no aparece en Pfeffel. Se conoce en unas pocas versiones. Recuerda la deposición de Cristo en la tumba (Caravaggio). A veces sale del agua por sí solo (es la propia agua la que le tira a la ribera). Aquí suele utilizarse la alegoría del Moldava en tanto que dios de río. Es muy típica para el barroco la unión del tema cristológico con el clásico. Hay analogías en este sentido con los temas de San Benito en el carro triunfal. Otra variante es la salvación del cadáver por un ángel, tal como aparece en el grupo escultórico situado fuera de la catedral de San Vito de Praga, por Platzer, del año 1763. 21. El cadáver llevado (Pfeffel 24), sobretodo en la semifigura. 22. San Juan en la Gloria celeste. Está situado en las nubes, con lo cual recuerda la Asunción de la Virgen. Hay versiones con ángeles, como se ve en el grabado de J. B. Sintes según A. Manucci, que fue realizado en 1727 en Roma y enviado a Praga, siendo divulgado en numerosas reproducciones grabadas. Hubo un fresco con este motivo en la fachada de San. Vito antes de su reconstrucción en el siglo XIX. Recuerda los aspectos marianos de su gloria. A veces aparece en forma de "sacra conversación", por ejemplo, A. Kern en la Galería Nacional de Praga, con santos patrones del reino de Bohemia. 23. Como intercesor. Es una versión ampliada del Santo en la Gloria junto con otros santos, como por ejemplo Carlos Borromeo (Pfeffel 26). Aparece en el sepulcro actual en la catedral de San Vito. 24. Como patrono de la ciudad de Praga (Pfeffel 29) o de la corona de Bohemia. En La interpretación tipológica de la leyenda tenemos que pensar que muchas veces se le compara con otros santos que se llaman asimismo Juan y cuyas escenas de vida son paralelamente comentadas en la Vita de Balbín. Las ilustraciones de Pfeffel tienen antecedentes posibles en el s. XVII. Sus representaciones narrativas fueron muy predilectas al norte de los Alpes. Constituyeron el primer ciclo y sirvieron como estímulo para las composiciones de los más grandes artistas de la época. En Alemania hay obras de Kosmas y Damian Asam en la capilla de Ettlingen y en la iglesia de San Juan Nepomuceno en Munich se encuentra el ciclo plástico de 10 relieves estucados y plateados. Un ciclo reducido a las imágenes "básicas" se encuentra en los relieves de la tumba de San Juan Nepomuceno en San Vito. También se difundieron 8 aguafuertes según dibujos de Maulbertsch, un pintor importantísimo del barroco austríaco. La representación de estas escenas ocurre según círculos temáticos que siguen escenas de la leyenda biográfica, pero sin las variadas situaciones escogidas por Pfeffel, que relatan detalladamente sobre todo el conflicto con Wenceslao.
Aunque no es éste el lugar para elaborar una historia del culto a San Juan Nepomuceno en España, además, estrechamente ligado a Nueva España, me propongo mencionar por lo menos algunos hechos. Puede ser que el culto al patrón del secreto de la confesión haya llegado pronto a. España. Tenernos una noticia concreta: ya en un libro publicado en 1759 en Amberes por J. Wielens (Historia del martirio de San Juan Nepomuceno) se menciona el culto al santo en España y Portugal. Wielens señala que un noble erigió muy pronto un altar de San Juan Nepomuceno. Aunque no podemos identificarlo, es muy probable que el autor se basara en una noticia concreta. Se explica por el contacto de los "alemanes" que venían a la corte de los Habsburgo en Madrid. Sin embargo, parece indudable que la mayor difusión del culto al santo en España se debe a los jesuitas. Los jesuitas escogieron ya en 1731 a San Juan Nepomuceno como su segundo patrono y extendieron su culto a ultramar. Lo declararon su co-patrón en tanto que protector contra las calumnias. Por otra parte, el culto a Juan Nepomuceno tuvo también puntos de vista políticos al margen de los religiosos. El P. Juan Antonio de Oviedo, capellán de la Casa Profesa de México y uno de los que dieron su parecer aprobando la traducción de la biografía de San Juan Nepomuceno escrita por el padre Francisco María Galluzzi, dice clara y abiertamente: " Y esta bien asegurada persuasión movió a nuestra mínima Compañía (que por especial permisión de su Adalid y Capitán Jesús, desde que se fundó en el espacio de los siglos, siempre ha sido y es combatida en su crédito y su fama por las malignas lenguas de los hereges, que temen en el afianzado crédito de su Santidad y Letras su fatal y mayor ruina, y también por muchos de los católicos, gobernados, por la ignorancia o por la envidia) a que en la última Congregación General 16, el año de 1731 (apenas dos años después de la canonización) escogiese a San Juan Nepomuceno por especial Patrón y Tutelar de su buena fama y nombre [...] siendo un espejo cristalino, expuesto a que el odio o la envidia o la ambición lo empañen con maligno aliento, era muy conveniente tener un protector y Tutelar de superior virtud, que con la sombra de su amparo y patrocinio la defendiese de las impías y venenosas lenguas. Y éste es el gloriosísimo Martyr San Juan Nepomuceno, a quien con universal y concorde aplauso de los fieles tiene escogida la devoción por Patrón de la buena fama". Fue, sin embargo, "una combinación del nacionalismo bohemio y del fervor (le la Contrarreforma lo que aumentó enormemente la popularidad de su culto a finales del XVII y principios del XVIII y llevó a Juan Nepomuceno a la canonización en 1729". Es muy significativo que haya sido un jesuita checo, Bohuslav Balbín (Bohuslaus Balbinus), quien haya redescubierto a este personaje. Su texto fue publicado como suplemento de las Vidas que publicaban los bolandistas. Los jesuitas se vieron llevados en su esfuerzo por su afán de lucha contra los herejes de ascendencia local, de derivación husita, y los jansenistas. Esto, unido a la presión ejercida por las nuevas corrientes ideológicas liberales, dio lugar a una época difícil, de no pocas controversias, cuyos resultados fueron la ruptura de las buenas relaciones entre el gobierno y la Orden de San Ignacio y la decisión oficial de expulsar a los jesuitas de España y sus dominios. Mientras sucedía esto la Compañía de Jesús difundió el culto a San Juan Nepomuceno hasta el punto de luchar abiertamente por conseguir su canonización, lo que logró en 1729 siendo Sumo Pontífice Benedicto XVII. Y así, una personalidad que pudo haber sido olvidada resurgió gracias al interés de una orden que a modo de baluarte tomó su figura para significar con ello el buen nombre, la impecable reputación; en una palabra, el sacerdocio. San Juan Nepomuceno fue, además, encarnación de la confidencialidad del confesor, la cual fue atacada por los protestantes de Bohemia y por los grupos antijesuitas desde dentro de la Iglesia católica, quienes acusaban a los jesuitas de utilizar su papel de confesores en las intrigas internacionales de su época. El reemplazamiento de los Austrias por los Borbones en el trono español en 1701 añadió otra dimensión a la difusión de su devoción, puesto que parece que hubo una cierta rivalidad entre las dos casas (Austrias y Borbones) sobre quién podría ser el patrón más importante del culto a San Juan. Otra rivalidad (la que hubo entre los jesuitas y los borbones españoles y especialmente Carlos III, quien terminó por expulsarlos de sus dominios) quizá contribuyó a aumentar la cantidad de publicidad que el santo había recibido. En México, la corona y los jesuitas fueron extremadamente activos en este tipo de actividades religiosas, a través de las cuales el culto de San Juan logró -como aún veremos- una popularidad sin precedentes. Ya E. Vargas Lugo hizo notar cómo los jesuitas recrearon la figura de un santo culto, destacado orador y adornado de los máximos honores académicos de aquel entonces. Se trata de un típico pensamiento historicista característico de Bohemia, pues allí todas las órdenes religiosas buscaron enlazar con las tradiciones prehusitas para demostrar las tradiciones ortodoxamente católicas en el país. Pero volvamos al caso de España. Ya en 1736 aparece el libro del Padre Pedro Andrés Velasco, Vida y milagros de San Juan Nepomuceno, Canónigo de la Catedral de Praga Protomártir del sigilo de la Confesión, singularísimo Abogado de la Honra, Buena Fama y Crédito y Protector de la Esclarecida Religión de .!a Compañía de Jesús (Madrid, en la Imprenta de Juan Valentino), el cual tuvo una importancia considerable en la difusión de su culto. Más tarde, Jerónimo Julián (1660-1736), predicador de la corte y rector en Valencia, autor de varios escritos sobre los santos, publicó Vida, Martyrio, Virtudes y Milagros de St. Juan Nepomuceno bajo el seudónimo de Dom Gavino Romellini. Por esto no nos extrañará que hubiera precisamente en las iglesias valencianas una serie de obras de arte que representaban al nuevo santo. A guisa de ejemplo, citemos una escultura realizada por Francisco Esteve (1682-1766) para el altar de la iglesia de San Andrés, la capilla del Santo en la misma iglesia con lienzos de Evaristo Muñoz (1671-1737), un lienzo de Fray Miguel Posadas (1711-53) para el altar de la Comunión de la catedral de Segorbe y, finalmente, un San Juan Nepomuceno agrupado con un Cristo, nubes y un ángel en la iglesia de las Escuelas Pías de Lavapies, obra del mismo Esteve. También en Portugal se mostró el influjo de los Habsburgo y de los jesuitas después de la canonización del Santo. Allí Ana María de Austria, hija del emperador Leopoldo, casó en 1708 con Juan de Portugal y en 1734 Clemente XII permitió a Portugal celebrar la fiesta de San Juan Nepomuceno como fiesta doble. Una residencia jesuítica en Lisboa (?) tuvo el nombre de San Juan Nepomuceno. En Brasil, San Juan Nepomuceno era conocido ya desde 1720. En la provincia de Maranháo el padre Jerónimo de Gama escenificó una pieza teatral en honor al santo, escrita por él mismo bajo el título de Silentium Constans. Veinte años más tarde este autor estaba en Portugal y sólo podemos suponer que la hizo escenificar también durante su estancia portuguesa. En la actual catedral de Maranháo, Nossa Senhora da Luz, hay desde 1760 tina escultura de San Juan Nepomuceno de plata. También en el importante lugar barroco de Ouro Preto, hay en Nossa Senhora da Conçeiçáo, desde 1727, una figura de San Juan Nepomuceno. En 1760 el escultor Felipe Vieira realizó el retablo mayor, en el cual se encuentran una Alegoría del Apocalipsis, el Cristo nacido de la Virgen y figuras de San Juan Nepomuceno y de Santa Bárbara. También se guardan dos imágenes -esculturas de calidad- en la capilla de Nossa Senhora da Consolaçáo, en el claustro del monasterio franciscano de Santo António de Rio de Janeiro. También la Corte de España siguió el ejemplo de Portugal. En 1749 Fernando VI impuso, ante el papa Benito XIV y por mediación del cardenal Almenar Portocarrero, el privilegio de celebrar la fiesta de San Juan Nepomuceno como fiesta especial doble. Probablemente el rey fue instigado a ello por su mujer María Magdalena, hija del rey portugués. Su hijo Carlos III se casó con María Amalia de Sajonia, quien dio a cada uno de sus hijos, aparte de otros, el nombre de Juan Nepomuceno. En la América del Sur española divulgó
el nombre de San Juan Nepomuceno, entre otros, el P. Florián
Baucke, de Bohemia, en Argentina; en las reducciones para los indios
Chana se fundó la reducción llamada Juan Nepomuceno; en
Chile hubo una misión en la frontera, cerca de la Concepción,
llamada Juan Nepomuceno. En Filipinas, Manuel José Avezdaño
(m. 31-VIII-1755, en Manila) publicó el año 1741, en español
y en tagalo, la Novena de San Juan Nepomuceno con otros tratados
devotos.
5. SAN JUAN NEPOMUCENO EN MÉXICO "No cabe duda que San Juan Nepomuceno se tomó como una devoción novedosa y necesaria en su momento, adecuada a las personas que constituían la modernidad en el siglo XVIII. San Juan Nepomuceno en su momento no fue un santo más, sino que tuvo la significación de haber sido un refugio para los hombres de acción. Por ello los jesuitas lo lanzaron y adoptaron como tutelar, así como los abogados y ministros, también hombres de acción, que rápidamente fundaron una cofradía bajo su patrocinio. En aquel entonces el peligro de perder la buena fama, el buen nombre -económica, social o moralmente- siempre fue mayor en los hombres de acción que se arriesgaban peligrosamente a luchar por el éxito; de ahí la gran acogida que se dio a este santo, en un momento en que la sociedad novohispana se encontraba ya, indudablemente, contagiada de modernismo en diferentes formas. Claro está que, con el correr del tiempo, San Juan Nepomuceno dejó de ser importante desde ese aspecto social de preservador del buen nombre, cuando los católicos hombres de acción -gracias al racionalismo- conocieron otros medios más prácticos de proteger su buena fama, y así el santo se fue quedando relegado en sus altares a desempeñar un tutelaje restringido al sacerdocio". El caso especial de José de la Borda, el rico minero de Taxco, expuesto por Elisa Vargas Lugo (a quien pertenece el párrafo citado) muestra hasta qué punto personas no ligadas directamente a la iglesia promovían el culto del nuevo santo para proteger su buena fama. Además, en esta ocasión se descubre la inspiración poética que despierta el nuevo Santo. "Existe un libro inédito (sin localizar) -dice Elisa Vargas Lugo- escrito por el licenciado Isidro Verdugo y Santa Cruz -originalmente dedicado al bachiller Juan Miguel Lozano de la Peña- que posteriormente el hijo del autor, don Francisco Verdugo, rededicó a su vez a José de la Borda. Aunque no conozcamos el texto, nos parece muy significativo que dicha obra, en verso, trate de la vida y milagros de San Juan Nepomuceno. La persona que obsequió el libro a Borda -que era pariente de su mujer- añadió también un soneto acróstico curiosamente dispuesto en círculo, de tal manera que cada verso converge en el centro de la circunferencia en donde se encuentra una letra A, ya que la última palabra de cada oración termina con A, y cuatro quintillas dobles", El primer poema (del que ofrecemos sólo un extracto) dice: "Si llevado del barreno Y el soneto acróstico: "Del río Moldavia la corriente undosa Sean estas muestras bastante elocuentes para poder hacerse una idea del eco de esta personalidad. Sin embargo, veremos inmediatamente la evolución cronológica de todo este novedoso pensamiento religioso
Quizás hasta ahora, indudablemente, el estudio más completo que se hizo acerca de la historia del culto del santo en México es el del P. Vicente de Paula Andrade, canónigo de la colegiata de Guadalupe, publicado ya a fines del siglo pasado, en 1895, en checo. No pude averiguar si se trataba de la traducción de un artículo publicado en México o si, cosa más probable, el traductor, el famoso Dr. Antonín Podlaha, se sirvió del manuscrito en español o latín, enviado directamente por el autor desde México. Otra fuente es el citado escrito de Y. Lafargue sobre el culto del santo en el mundo y, finalmente, agrego unas cuantas observaciones propias y datos que pude reunir durante mi estancia en México en 1981 y, sobre todo, en 1982. 1721. "Breve" del papa Inocencio XIII
fechado el día 7 de junio, con el cual se permiten misas y oficios
especiales en honor a San Juan Nepomuceno en los países de la
Casa de Austria y en Alemania y que equivale a la beatificación.
Como consecuencia, se desarrollan toda una serie de hechos que conllevan
una enorme popularización del nuevo beato, por lo que su culto
fue extendiéndose cada vez. En México,
el nombre de San Juan Nepomuceno aparece por primera vez en los libros
de bautizo de la Catedral Metropolitana el día 20 de abril, cuando
fue bautizado el hijo de don Manuel Camargo y doña Josefa Barcazo
con el nombre de Ignacio Antonio Epomuceno (sic, lo cual será
una malinterpretación de Nepomuceno). Lo curioso es que aparece
muy pronto, poco después de la beatificación; la canonización
vendrá años después. El bautizo es testimonio de
que sus padres o padrinos fueron devotos del novísimo beato. 1724. En la iglesia del hospital del Espíritu Santo en México fue fundada la Congregación de San Juan Nepomuceno, según el Periódico Mexicano. A ella está dedicada (más tarde) la traducción de la biografía de San Juan Nepomuceno de Galuzzi, realizada por el P. Segura, de la cual se habla en otro lugar (reeditada en 1855). El papa Clemente XII concedió a la Congregación indulgencias diez años más tarde (en 1734), según se desprende de un librito que enumera dichas indulgencias. 1725. Se publica en Augsburgo una reedición de la Vida de San Juan Nepomuceno, de Bohuslav Balbín, que lleva 32 grabados de Johann Andreas Pfeffel el Viejo. Estas ilustraciones detalladas llegaron a ser prototipos para numerosas representaciones del santo. 1727. Si omitimos las posibles fuentes latinas o italianas, accesibles a unos cuantos individuos cultos, sobre todo de la orden jesuita, el auténtico punto de arranque de su culto en México será la Biografía del santo, la primera impresa en México, y cuyo autor es el jesuita mexicano P. Juan Antonio Oviedo, S.J. (es decir, también aún antes de la canonización oficial del santo). Su traducción aparece el mismo año de la canonización en versión italiana en Roma en 1729. 1729. En el Periódico Mexicano (¿Diario
de México?) se indica que la noble Cofradía de San Juan
Nepomuceno, la cual se compone de abogados y ministros del tribunal
local, organizó una ceremonia en honor del santo mártir
en la iglesia del Espíritu Santo, a la cual asistieron, aparte
del presidente de la administración, consejeros del tribunal
y otros ministros, el protector de la Cofradía señor don
Juan Manuel de Oliván Rebolledo, miembro del consejo de su Alteza
y consejero del mismo tribunal. Durante la ceremonia se escogió
entre las muchachas huérfanas la más adecuada para entregársele,
cuando se casara, 300 pesos. El mismo periódico informa en noviembre
del mismo año 1729, con el retraso habitual en esta parte del
mundo, que "el día 29 de marzo el papa Benito XIII realizó
la ceremonia de la canonización del beato Juan Nepomuceno". 1730. En la ciudad de Zacatecas hubo manifestaciones
de devoción ya en enero de 1730, cuando se fundó la Congregación
de San Juan, siendo elegido su administrador el conde de San Mateo Valparaíso
y por asistente, el conde Santiago de la Laguna. El primero regaló
un gran cuadro con marco de oro que estaba colgado en un retablo de
la iglesia parroquial. 1731. El cura de la iglesia metropolitana, el Dr. Don José Manuel Moneda (que desempeñó su cargo desde 1728 al 18 de marzo de 1734, en que murió, y que había sido antes el primer rector del Colegio de muchachos, adjunto a la catedral), recibió, según se señala en la traducción de la Vida del P. Segura, de parte del papa Clemente XII, permiso para que en todo el arzobispado de México se celebrara la fiesta de San Juan con un oficio especial y una misa propia. Sin embargo, en el breve que vio el P. Andrade fechado el 15 de septiembre de 1731 y firmado por el cardenal Zondazari, se dice que el permiso fue dado por instancias del arzobispo de México. Indudablemente fue sobre todo Moleda el que insistió ante el arzobispo para que pidiera el comentado permiso de parte de la Santa Sede. 1733. Se publica en México la traducción
al español del P. Nicolás Segura de la primera edición
italiana de 1719 de la Vida del Glorioso San Juan Nepomuceno, Canónigo
de la Metropolitana de Praga, Protomártir del sigilo de la Confesión
(la segunda apareció en 1737, asimismo en Roma). El P. Segura
informa que la Compañía escogió a San Juan Nepomuceno
como patrono especial y que la Congregación de Ritos permitió
a los jesuitas el mismo año (igual que a toda la diócesis
mexicana ya en 1731) que pudieran rezar el oficio y oficiar misa en
honor a San Juan dondequiera que estuviesen, en todas las partes del
mundo. Este libro sirvió en su edición italiana para la
inminente beatificación; en México para la difusión
de su culto. 1740. En su Diálogo, Couto señala que el pintor Miguel Ibarra pintó en 1740 dos cuadros, hoy inexistentes, que "cubrían las testeras del aula mayor o general del Colegio de San Ildefonso". "El uno, que es el que queda a la derecha como entramos, ofrece una especie de alegoría, no muy feliz a la verdad, en que se registran el Padre Eterno en la parte superior, San José con el Niño en medio, y abajo los dos santos mártires San.Josaphat Arzobispo y San Juan Nepomuceno ya muertos". 1743. El 21 de junio de 1743, la Real Universidad
de México escogió en su asamblea general como patrono
a San Juan Nepomuceno, protomártir del sigilo de confesión,
protector especial de la confesión completa ... de buena fama,
según nos informa un grabado con San Juan Nepomuceno en la Gloria
publicado probablemente en los años ochenta y realizado por J.
Ballester, según Maella. Fue publicado a expensas del Seminario
tridentino papal de la Inmaculada y de San Pablo, el principal divulgador
de la devoción a San Juan Nepomuceno en Nueva España y
fundador de congregaciones sanjuanistas. En el grabado aparecen figuras
alegóricas de España y México, rindiendo homenaje
al Santo (Madrid, Biblioteca Nacional). 1744. En la pág. 5 de la Nueva Constitución de la Universidad de México, publicada en 1775, hay una nota diciendo que esta corporación había escogido como patrono a San Juan Nepomuceno, con fiestas preliminares que se celebraron los días 21 de junio de 1743, 4 de agosto y 16 de noviembre de 1744. 1745. Se publica un poema elogioso y de devoción a San Juan Nepomuceno "de uno de sus protegidos más devotos" (reimpresión, en 1786). 1746. El franciscano Fray Cristóbal de Castro predicó en una fiesta anual organizada en honor a San Juan Nepomuceno por la congregación sanjuanista, fundada en la iglesia de Santa Catalina de la Ciudad de México; dicho sermón fue publicado por don Juan Francisco de Castro, el prefecto de dicha congregación. La misma congregación organizó una ceremonia similar diez años más tarde (1756) en la cual pronunció un sermón el P. José Hidalgo, S.J. 1747. Aparece impresa en la Ciudad de México
una colección de sermones del doctor Andrés de Arce y
Miranda, cura de la parroquia de Santa Cruz; entre ellos figura uno
pronunciado en 1745 en la Capilla de San Juan del Río, en uno
de los barrios de Puebla, que pertenece a la misma parroquia. 1750. El ya citado Padre Oviedo imprime una novena a San Juan Nepomuceno, quizá la primera en español, la cual fue reeditada en 1782 y 1795, y, además, el P. Aveñado, de la Compañía, la tradujo al idioma tagalo, siendo publicada en Filipinas en 1752. 1752. El dominico P. Francisco José Mariano Vergara y Bengoechea pronunció un sermón, según una información de Beristain. El P. Andrade dice: "Tengo una colección de Loas selectas en lengua latina, presentadas en la Universidad; 40 de ellas se refieren a San Juan Nepomuceno". El mismo año se publica un escrito titulado Heliotropo crítico de José Mariana de Mediana, en el cual, para el día 16 de mayo, se encuentra un poema. 1755. En la biografía de la monja Ignacia
Azlora, fundadora del convento de La Enseñanza, publicada en
1793 en México, se dice (p. 115) que el año 1755 quedó
muy entusiasmada al recibir de parte de su tío Antonio, embajador
español en la Corte de Viena, una reliquia de San Juan Nepomuceno
que le había regalado a él la emperatriz María
Teresa. La reliquia fue traída a México por Agustín
Ahumada, marqués de las Amarillas, al ser nombrado virrey de
México. Se trata de una falange del índice, colocada en
una imagen del santo de oro puro, en relieve, de unos 25 cm. de largo,
reuniéndosela por la "vera efigie" del mártir.
Andrade aprovecha la ocasión para enumerar otras reliquias de
San Juan que conoce en México: una en Irapuato; otra, que antes
pertenecía al arzobispo de Posada y en el momento de escribirlo,
en 1895, al arzobispo Agreda; y la tercera, que poseía el Dr.
Nicolás León, amigo de Andrade. 1777. Apareció la tercera biografía
en español de San Juan Nepomuceno, de la cual se desprende que
se consagró un altar al santo en México antes que en la
propia España. Su autor fue Antonio Vila y Campo. 1780. Se publica varias veces la Novena en honor de San Juan Nepomuceno. 1784. Se imprime y reedita un escrito titulado Triduum piadoso y santo recuerdo del triple martirio de San Juan Nepomuceno, por el doctor Mariano Iturria, párroco de Tlalnepantla, Cuanteca y Pachuca. La tercera edición data del año 1790. 1786. El franciscano P.Fr. Antonio López
Murto pronunció un sermón el día 16 de mayo en
la parroquia de San Luis Potosí. Fue publicado al año
siguiente. 1788. D. Juan José de Illescas vuelve a publicar Oraciones pías al famoso mártir San Juan Nepomuceno. El Cura Matías Bernardo Larrasquito reedita la Novena Sanjuanesca. 1791. Se reedita el escrito Día decimosexto, etc. 1795. En mayo la Diputación real de las minas de Temascaltepec invitó, por medio de invitaciones impresas, a una misa, sermón y procesión de San Juan para el día 16 del mismo mes, firmada por Manuel Antonio Falla y Oruña, el subdelegado Fermín Raygadas, primer diputado y José de Urizar y Landaida, subdelegado. 1796. El Periódico Mexicano informó
sobre las fiestas que se celebraron. en honor a San Juan Nepomuceno
en la ciudad de Querétaro, en mayo. Lo volvería a hacer
en 1797 y 1798. 1797. Se publican El día decimosexto "de un cura de Valladolid, indigno devoto de San Juan", y otras ediciones anónimas con oraciones para cada día y con cantos; vuelve a reaparecer, pero sin estos últimos, en 1845 y 1859. D. José M. Zella e Hidalgo publica el mismo año (?) Loas a San Juan Nepomuceno. 1801. El 22 de mayo fue pronunciada una loa, por el famoso Fr. Jacobo Bringas al concluir las misiones realizadas en la entonces Congregación de Dolores en el arzobispado de Michoacán. Se publica el mismo año. 1802. D. Juan Francisco Campos, decano de México desde el año 1802, fundó en su catedral un Aniversario de San Juan Nepomuceno.
Andrade menciona que Beristain señala que había
visto un manuscrito de 400 páginas titulado El Milagroso Bohemio
y Harpócrato cristiano, Vida y milagros de San Juan Nepomuceno,
escrito por el P. Francisco Ortiz y Alate, dominico, dedicado al arzobispo
de México. Será interesante apuntar que Harpócrates,
que solía representarse con un dedo puesto en la boca, era tenido
por dios del silencio. Interesante comparación con el mártir
de la confesión. Quizá se debe a la fecha tardía
el que esta comparación no tuviera más proyección
en el arte.
El santo representa al sacerdote ejemplar. Suele representársele como canónigo mexicano, con la sotana violeta, el roquete y la capa con armiño o un sobrepelliz de cuatro colores y el bonete. Por la razón indicada suele encontrarse situada su imagen de tal manera que cuando los sacerdotes salen de la sacristía hacia la iglesia a celebrar misa, no tienen más remedio que verla, con el fin de que recuerden las sagradas obligaciones que han contraído. Aparte de patrono de la buena fama y del honor de las personas, es patrono de los confesores por haber sabido morir por el sigilo de confesión. También se le considera patrono de los estudiantes. En primer lugar, suele tener la palma, atributo común a todos los mártires; luego, a veces, la cruz (que está mirando, observando o adorando) por lo general en una o en las dos manos. Una vez aparece con lágrimas, llorando. La capa de armiño señala también que prefiere la muerte a la impureza. Los cuatro colores -blanco, rojo, verde y azul- simbolizan las cuatro facultades en las cuales el santo logró el grado doctoral: filosofía, derecho eclesiástico y universal (civil), y teología. Sus atributos especiales son el nenúfar, pues murió ahogado; el ancla, en tanto que patrón de los ahogados; cadena o candado en los labios por haber rehusado traicionar el secreto de confesión. El atributo que más se repite es la lengua incorrupta, cortada o arrancada. A veces suele poner los dedos (el índice) sobre los labios, como testimonio del silencio. Los capítulos de canónigos tienen a San Juan Nepomuceno por patrono y celebran su fiesta, pues también es patrono de la Archidiócesis de México.
Indudablemente, el trabajo que registró el mayor
número de obras dedicadas a San Juan fue el comentado artículo
de Vicente de Paula Andrade, que apareció en checo. En todo caso,
puede señalarse que es un punto de partida muy bueno, pero anticuado
en cuanto a la localización y conservación. Partiendo
de este trabajo pude ampliar algunos datos, reunir varias informaciones
más, y completarlas de manera más detallada. Allí
donde no pude averiguarlas por cualquier razón dejo constar simplemente
la información suya, introducida por la letra A. Averiguar los
datos recopilados por Andrade hubiera supuesto viajar por los más
diversos puntos de México con visita especial a cada una de las
obras citadas, cosa que quedaba fuera del alcance de mis posibilidades.
Sólo pude aprovechar mis viajes para identificar las obras que
estaban al alcance, tomar un apunte incompleto o sacar una fotografía.
A veces las iglesias ni siquiera estaban abiertas al público
o no era posible revisarlas por cualquier otro motivo. En ningún
caso se trata de justificar las lagunas, sino todo lo contrario, de
dejarlas en claro, indicar que este estudio surgió en circunstancias
determinadas y representa únicamente una introducción
a un trabajo que queda por realizar, sobre todo reunir la documentación
fotográfica que permitiera estudiar prototipos y variantes de
las escenas de su vida y la figura del santo mismo, Los cuadros con el tema de San Juan Nepomuceno están, por lo general, y con escasísimas excepciones, ejecutados por pintores o artistas de segunda categoría. Es un detalle característico que este tema tan frecuente no se encuentre en la Pinacoteca Virreinal de San Diego, lugar donde se hallan las mejores obras. De todas maneras, ya este primer intento de estudio puede llevar a conclusiones más generales, pues partiendo de la iconografía o del estilo de estas pinturas podemos establecer, si no atribuciones, sí relaciones con cuadros estilísticamente similares.
1.- Isla de San Juan Nepomuceno, cerca de La
Paz, BCS. Hoy, como pude ver, ya no es una isla, sino que está
unida con la tierra por un terraplén artificial. Antes pertenecía
a la misión de San Luis Gonzaga, administrada en 1745 por el
P. Lambert Hostell.
ACATEPEC: Véase San Francisco de A. ACOLMAN Museo: ACTOPAN Iglesia del monasterio: AGUEZCOMAC: Véase Santa María A. AGUASCALIENTES - Catedral: San Juan Nepomuceno de pie, con el
birrete y la palmera en la mano; al fondo el puente con la escena del
arrojamiento; arriba un angelito levantando un crucifijo. ATLIXCO La Merced: CALPAN Iglesia parroquial (de arriba): CUERNAVACA Museo: CHALCHICOMULA - A: Capilla de San Juan Nepomuceno. DAVENPORT, IOWA - Municipal Art Gallery, N.º 25, 168F, Col.
C.A. Ficke: Carlos Clemente López (1770-1800): El martirio de
San Juan Nepomuceno, óleo, pergamino sobre lienzo. Combina escenas
de la Visión de San Juan durante su devoción de la cruz
(n.° 18 de Pfeffel), con la escena de la confesión de la
reina a la izquierda (Pfeffel, 10) y el martirio en el puente de Vltava
a la derecha (Pfeffel 22). Arriba, un ángel sosteniendo la corona
y la palmeta, símbolos del martirio. En el libro abierto, el
letrero "Pos ui cri/meo custodiam / cum/ consisteret / peccator
/ adversum/rae / Psal. 3Tv. 2. ECATZINGO - A: Retablo de San Juan Nepomuceno. GUADALAJARA A: Catedral: Santiago, Iglesia del Colegio de: San Pedro, Parroquia de: Museo de Guadalajara (depósitos): GUANAJUATO La Basílica (sacristía): Iglesia de la Trinidad: HUICHAPÁN - A: Retablo de San Juan Nepomuceno. IRAPUATO - A: Retablo de San Juan Nepomuceno. JALAPA A: Catedral: Un retablo. LAS ROSAS, MICHOACÁN - Retablo de San Juan Nepomuceno. Véase M. González Galván 63/a. LEÓN - A: Catedral: Un retablo dedicado a San Juan Nepomuceno
y una escultura de San Juan Nepomuceno solo. LOS REYES, TLANECHICOLPÁN - Altar dedicado a San Juan Nepomuceno. Se encuentra en el lado derecho de la nave de la iglesia. Está firmado por Miguel Castillo. MÉXICO, CIUDAD DE Azcapotzalco: Catedral: El Sagrario de la Catedral: Colegio de Niñas:A: Retablo de San Juan Nepomuceno. Espíritu Santo: Guadalupe, Capítulo de: Instituto de Investigaciones Estéticas: Instituto de Restauración y Conservación
de Churubusco: Iglesia de Jesús Nazareno:
-A: Escultura de San Juan Nepomuceno.
La Enseñanza (C. Miguel Ángel Gómez): La Profesa: La Santísima: La Soledad: Las Vizcaínas, Colegio de: Loreto, Iglesia del: Palma, Parroquia de: Pinacoteca de San Diego: Regina Coeli, Iglesia de: Sagrario, Parroquia de (El Sagrario Metropolitano?): San Ildefonso, Colegio de (Hoy Escuela Nacional Preparatoria): San Lorenzo, Monasterio de: San Miguel, Parroquia de (Pino Suárez): San Pablo, Parroquia de: Santa Catalina: Tepeyac, Capilla de: Tacubaya, Iglesia de: Tlalpan: Colecciones particulares: MONTERREY - A: Catedral.? Un retablo. MORELIA Templo de Santa Rosa de Viterbo: OAXACA Catedral: ORIZABA Parroquia: Concordia: Santa María: PACHUCA San Francisco: PUEBLA Catedral Compañía: La Concordia: La Luz: San Marcos: Santa Mónica. Museo: Santo Domingo, Iglesia de: QUERÉTARO Catedral: Santiago, Iglesia de: San Sebastián, Iglesia de: Congregación, Iglesia de la: Santa Clara: SALTILLO - A: Capilla de San Juan Nepomuceno (independiente?). Catedral: SAN FRANCISCO DE ACATEPEC San Francisco, Iglesia de: SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS Catedral: San Francisco, Iglesia de: SAN LUIS POTOSÍ Casa de Cultura -Museo: SAN MARTÍN TEXMELUCAN Iglesia de Santa Magdalena: SAN PEDRO DE TLAHUAC San Pedro, Iglesia parroquial: SAN SEBASTIÁN DE LEÓN -A: Capilla de San Juan Nepomuceno. SANTA CLARA (Obispado de Cuernavaca) -A: Escultura en la iglesia local. SANTA MARÍA ACUEZCOMAC Santa María, Iglesia de: SANTA MARÍA TONANTZINTLA: Véase T. TAXCO Santa Pricsa, Iglesia de: TEMASCALTEPEC - A: retablo de San Juan Nepomuceno. TENANTZINGO - A: Capilla del Calvario, retablo de San Juan Nepomuceno. TEPEPETLASTOCO - A: retablo de San Juan Nepomuceno. En este lugar había una hermandad de San Juan Nepomuceno con el capital de 2.000 pesos depositados (hipotecarios) en la hacienda Mayorazgo, cuyos intereses se distribuían entre los pobres. TEPETLIXPA Iglesia: TEPIC Iglesia Catedral: TEPOTZOTLAN Museo del Arte Virreinal: TEXCOCO Catedral: TLAXCALA Parroquia: Catedral: San Francisco, Convento de: TLANECHICOLPÁN: Véase Los Reyes T. TLAXCALANCINCO San Bernardino, Iglesia de: TOLUCA, Museo: TONANTZINTLA Santa María: TULA (HIDALGO) Iglesia: ZACATECAS - A: Catedral: retablo. PARADERO DESCONOCIDO Manuel García: San Juan Nepomuceno en la Gloria, óleo sobre tela, 1774. Escena idéntica al cuadro de la pinacoteca de la Profesa, de México. Se observa mejor la escena del santo arrojado al río.
1. Grabador mexicano: San Juan Nepomuceno vestido de canónigo, con capa de armiño y birrete en la cabeza; rótulos arriba: Diletus Deu, et hominibus Ec. 45,1, Grabador mexicano de la primera mitad del s. XVIII (?), sin firma; abajo San Juan Nepomuceno; aguafuerte, 7 X 5,3 cm., de buena calidad (col. Stépánek). 2. Grabador mexicano del s. XVIII: San Juan Nepomuceno en el pedestal (como escultura). Aguafuerte, 11 X 13,2 (21,5 X 15,5) cm. Rótulos abajo: SS JUAN NEPOMUCENO MARTIR DE LA HONRA Y PARA BUENA CONFECIÓ- (sic). Alrededor de la cabeza: Obi, tui et non aperuit os meum quoniam tu facisti PsL (?). Alrededor de la palmera: Stelae autem dederimit in custoiis suis. Bar. cap. 3.V.34 (col. Stépánek). 3. San Juan Nepomuceno, grabado en el libro de Jáuregui, Metro Encomiástico, 1786-1799 (T.C.), p. 451. 4. San Juan Nepomuceno Mártir. Grabado de Francisco Cabrera, reproducido en Las artes y las ideas de arte durante la independencia, Guatemala, 1977, por Ricardo Toledo Palomo y col. 5. Grabador Navarro: San Juan Nepomuceno, con la cruz
en las manos. Publicado en el libro: Officium Proprium, publicado
por Alejandro Valdés. Aguafuerte, 14,6 X 10,2 cm., 1821. En el
primer plano, un angelito que sostiene la lengua; arriba, el triángulo
divino. Libro con el rótulo: Mors et rita in manibus linguae.
Pro. 18, n.° 24. (Col. Stépánek). 6. Grabador Rivera, litógrafo: San Juan Nepomuceno, 2.ª (?) mitad del s. XIX; a la izquierda: Lito de Rivera; a la derecha: M. C. dibujó. Litografía 12,5 X 8 cm. (col. Stépánek).
1791: Manuel Ramírez.
Según el Catálogo de Ilustraciones, del
Centro de Información Gráfica 1 / 1721: U 2897: Ilustración San Juan Nepomucenos (sic); autor: H. Bonnart, grabador, 30 X 20 cm., núm. 978/1547. 2/1728: U 2333: Bachiller D. Juan Manuel Gómez Millán, adv. d. 2 - J. B. H. 980/ 1652, f. 186, con una pequeña reproducción de la imagen de San Juan Nepomuceno. 3/1736: U 556: Bachiller d. Juan Anto. de la Peña y Mejía, advocación a San Juan Nepomuceno, d2 - JBH, 979/ 1842 f 174. 4/ 1744: U 596: Lic. Clemente Gaxiola y Martínez, adv. SJ d-2 v J.B.H. 979/ 1004, f. 200. 5/ 1756: U 1023: Bachiller d. Nuño José Núñez de Villavicencio y Dávalos, dedicado a San Juan Nepomuceno, d 2 -BM, g. Andrade, 980/0243, f. 654. 6/ 1757: U 148: Bachiller don Fermín Aurelio de Tagle Cossío, adv. San Juan Nepomuceno d 2-BM, g. Andrade, 979/ 1387, f. 131. 7/ 1758: U 159: Lic. José de Piña Auñón, a San Juan Nepomuceno, d-2 CSJ, G. Morales, 979/ 1401, f. 211. 8/ 1760: U 2807: reprod. 2805, Licenciado D. Manuel Matías Busto Reynoso, d-1 -AGS1, g. Morales, 980, 2196, f. 277. 9/ 1761: U 2806: Bachiller D. J. José Moreno, dedic. a San Juan Nepomuceno, d-1 - AC/51?/ 980/2197, f. 283. San Juan Nepomuceno en las nubes. 10/ 1774: U 1307: Bachiller Juan Antonio Vicuña y Mendoza Peña y Torres, dedicado a San Juan Nepomuceno; d 2-33, 980, 0540, f. 479. 11 / 1778: U 3062: Bachiller D. Diego Antonio Rodríguez y Baños, Advocación a San Juan Nepomuceno; ilustración del santo.
12/ 1780: U 3091: Bachiller Don Juan Nepomuceno Romero
y Valle, Advocación a San Juan Nepomuceno; d 2 - F 20, G. Troncoso,
980/2519, f. 221. 13/1792: U 881: Bachiller D. José Rafael Valdés de Anaya y Vélez, Advocación a San Juan Nepomuceno; d. 1, F. 20, 980/0077, f. 207 no reproducido. 14/ 1803: U 3679 y U 3680: Bachiller D. Manuel Antero Sánchez de Cañas, 1803, Advocación a San Juan Nepomuceno, d. 2 M. 20, 980/3103, f. 547. 15/1805: U 3737 y 3736: Bachiller Lic. D. José Antonio Lama y Sobrerón, Advocación a San Juan Nepomuceno; d. 2 - M 20/980/3160, f. 263. 16/ 1811: U 3905 y U 3906: Fray Félix Sonellera, advocación a San Juan Nepomuceno; 3320, f. 336 y 3321, f. 338. 17/ 1812: U 3903: Bachiller D. Manuel Febles y Valdés,
Advocación a San Juan Nepomuceno; d. 2 - JBA, g. Aguerra, 980/3318/f.
320. 18/ 1819: U 3953: Licenciado José María Pérez Cano y Teruel, Advocación a San Juan Nepomuceno; d. 22/M20/g. Rea, 980/3376/f. 153. 19/ 1831: vol. 13, U 4014, U 4015: Bachiller Juan Nepomuceno Camacho, Advocación a San Juan Nepomuceno; d. 2 - MG, G. Navarrro, 980/3438, f. 93 y 3439/f. 95. Sin fechas: U 3078: Licenciado José Antonio Lema Gutiérrez, Advocación a San Juan Nepomuceno, d. 2 - ilegible; g. Navarro, 980/2506, f. 130 reproducción U 2007; D.J.J. Romero, Advocación a San Juan Nepomuceno; d. 2, ACS 1, 980/2198, f. 268. CONCLUSIÓN El presente trabajo no surge como una hagiografía
más de San Juan Nepomuceno, ni se propone justificar las partes
problemáticas de sus leyendas. Ni siquiera el milagro más
comentado y que jugó un papel tan importante en su canonización:
la lengua incorrupta (que, como observamos, no es lengua sino cerebro
y sangre, según demostró la última Es verdad que se dieron órdenes por la Sagrada Congregación de Oficios a los editores de la nueva edición del Misal romano para que excluyeran en el futuro la misa de San Juan Nepomuceno del Misal General, en el que estaba situada, hasta entonces, en la sección para algunos lugares ("pro aliquibus locis"). Sin embargo, más tarde esta orden fue anulada por parte de la misma Congregación. No quiero meterme en asuntos histórico-religiosos sin presentar un panorama de la importancia que tuvo el culto al santo checo, realmente de nivel mundial y propiciado especialmente, por otra parte, por los jesuitas. De hecho, el culto a este santo cobró un gran auge en el momento en que la Compañía sintió los primeros síntomas de una decadencia que terminará con su expulsión (lo cual demuestra que a la Compañía no le sirvió de mucho el haber escogido a dicho santo como patrono contra la calumnia, exactamente el día 13 de febrero de 1731). Luego coincide con el apasionante tema contrarreformista del sacramento de la penitencia y de la comunión, rechazada por los protestantes. Se han podido observar en la historia de España varios intentos de elevar al máximo nivel la atención a la Hostia, cuyo testimonio más elocuente es la pintura de la Sagrada Forma de Claudio Coello en El Escorial, canto de cisne de la pintura madrileña. A los jesuitas, como es sabido, se les acusaba de utilizar la confesión como medio de control del pensamiento en las cortes europeas, por lo cual fueron atacados como intrigantes. De ahí la importancia que atribuyeron a un santo confesor, mártir del sigilo de la confesión del sacramento de la penitencia. Realmente, el confesor ocupaba un puesto muy importante en la sociedad católica mexicana y en general. En las memorias de la congregación de San Felipe Neri publicadas en México, se cuenta que al santo le quemaron el confesonario, por haber sido un confesor muy predilecto ante todos los demás sacerdotes. Se trata de una exaltación del sacerdocio, del sacerdote "modelo" por lo cual muchos de los cuadros se sitúan en las sacristías o, como ya hemos observado, enfrente de la sacristía para que el sacerdote, al entrar en la iglesia, se diera cuenta de sus obligaciones y de su misión, para suministrarle el "modelo de conducta". Creo que en la difusión de su culto jugaron también un papel considerable los jesuitas checos y alemanes que extendieron el culto de su compatriota bohemio a las misiones de la Nueva España y de América en general, aunque, como observamos, la Nueva España fue la que dio uno de los estímulos también a la beatificación y la canonización del santo. Lo que falta en este estudio mío es hacer una conclusión analítica de las preferencias mexicanas dentro de los cánones establecidos de la leyenda y del culto al santo, pero esto no se podrá hacer hasta que se reúnan materiales absolutamente exhaustivos tras una minuciosa búsqueda en todas las iglesias mexicanas, los archivos y la literatura, no sólo referente a las iglesias, sino también en las haciendas, o incluso de la literatura y de las tesinas de la época, para ver hasta qué punto se domicilió este personaje de Bohemia en el pensamiento y la imaginación mexicana. Sin embargo, incluso este trabajo parcial ofrece un testimonio suficiente de que este culto, esta iconografía, no fueron secundarios incluso si los comparamos con otros santos de renombre más universal. Termino el trabajo dándome cuenta de que para el análisis estrictamente iconográfico habría que visitar aún muchos lugares mexicanos. Dado que veo imposible materializar este sueño, trato de presentar estos frutos, inmaduros aún, pero bastante elocuentes, acerca de un punto de pensamiento común y de relación entre la Nueva España y Bohemia durante el siglo XVIII.
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