CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo IV - 7. 1991
 

 

LA SERIE ICONOGRÁFICA DE ERMITAÑOS DEL MONASTERIO DE LAS DESCALZAS REALES

Ana García Sanz y Juan Martínez Cuesta

El Monasterio de la Consolación de Madrid, también llamado de las Descalzas Reales, constituye, junto con el Monasterio de San Lorenzo el Real, uno de los ejemplos más importantes de Fundación Real que hemos conservado de la España Imperial del siglo XVI. Su creación se la debemos a la Princesa doña Juana, hija del Emperador Carlos V, que en el año 1557 convirtió el que fuera palacio de don Alonso Gutiérrez, Contador del Emperador, en cenobio femenino para monjas de clausura de la orden clarisa-franciscana. Al igual que ocurre con la fundación del Monasterio de San Lorenzo, realizada años después, concretamente en 1564, por su hermano, el Rey Felipe II, doña Juana busca en este ambicioso proyecto religioso la puesta en práctica de nuevas normas de vida comunitaria implantadas por el recién terminado Concilio de Trento.

Uno de los aspectos donde mayor énfasis se va a hacer a partir de este momento en todas las clausuras religiosas será el del relacionado con la vida contemplativa y de oración de todos sus miembros. Gracias a estas nuevas tendencias de devoción, el arte, y sobre todo la pintura, se convertirá en el instrumento más válido y eficaz para motivar a los profesos en sus prácticas devocionales.

En un principio vemos cómo únicamente se aceptan como válidas las representaciones pictóricas centradas en temas sobre la Vida de Jesucristo o la Virgen María, eligiendo siempre los momentos más significativos del drama cristiano. Pero pronto estas imágenes serán insuficientes, haciéndose necesaria la aparición de nuevos asuntos entre los que destacará la pintura de paisaje con figuras, que es sobre lo que trata esta comunicación.


LA SERIE DE LOS EREMITAS

Dentro de las diferentes colecciones pictóricas que se conservan dentro de las Descalzas Reales de Madrid destaca, realmente, por su gran número de piezas, la llamada " Serie de los Ermitaños" que tradicionalmente se ha venido considerando como una serie de copias realizadas por algún maestro flamenco de segunda categoría de originales del pintor, también flamenco, Maerten de Vos (1532-1603). La serie, que consta de treinta y cinco cuadros, se distribuye de forma aparentemente desordenada por diferentes dependencias del edificio, tales como el Zaguán Principal, el Claustro Principal Bajo y Pieza del Ángel Custodio, entre otras piezas y, según se desprende de los diferentes inventarios históricos consultados, mantiene su misma ubicación como obra artística situada en lugares de paso rápido por la comunidad religiosa.

La presencia de esta serie iconográfica no es algo atípico dentro de la decoración de los edificios religiosos del siglo XVI, ya que podemos seguir esta misma colección en otras fundaciones piadosas, tanto españolas como del resto de Europa, y que responden a un fenómeno característico de la Contrarreforma presentando sus mejores ejemplos en el primer barroco romano y milanés. De esta forma, observamos cómo la presencia de pintores flamencos en Roma, especialmente de Paul Bril (1554-1626) y Jan Brueghel (1568-1625), desarrollará este género pictórico de paisaje con figuras de eremitas basándose en grabados del mismo tema, que, como es de suponer, tuvieron una muy amplia distribución por todos los medios intelectuales de ese momento.

Sin lugar a dudas, la primera serie de ermitaños que se realizó es la conservada actualmente en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán y que fue realizada gracias al patronazgo ejercido por Francisco Borromeo bajo los dos pintores flamencos mencionados en el párrafo anterior. Federico Borromeo, arzobispo de Milán y sobrino de San Carlos Borromeo, fue uno de los hombres más importantes de la Italia post-tridentina. Entre las muchas empresas culturales que emprendió a lo largo de su vida, debemos destacar la creación de su "Accademia del Disegno", fundada en la ciudad de Milán en 1607, a la cual donó su pequeña pero importante pinacoteca privada. Entre los diferentes grupos de cuadros que poseyó este prelado, hay que destacar la presencia de hasta treinta y cinco cuadros flamencos de temática de paisajes que se distribuyen de la siguiente forma: treinta y un lienzos fueron realizados por Brueghel, once por Bril, dos atribuidos a Vinckboons y un anónimo, actualmente perdido; de éstos, quince representaban escenas bíblicas, nueve ermitaños, cinco mitos, cuatro los Cuatro Elementos y dos eran puro paisaje. Esta presencia tan radical de la naturaleza corresponde a la nueva apreciación del paisaje y la naturaleza muerta como manifestación de la bondad divina que encontramos dentro de la atmósfera optimista que preside los escritos de Federico Borromeo y que tanta influencia tendrá, como veremos más adelante.

Entre los diferentes paisajes mencionados nosotros nos vamos a centrar en los nueve que representan a figuras de ermitaños, de los cuales encontramos dos grupos totalmente diferentes. Un primer conjunto realizado por Jan Brueghel sobre el soporte de cobre con un tamaño bastante más pequeño respecto a los de las Descalzas Reales (25 X 35 cm. frente a 166 X 209 cm.); y un segundo atribuido a Bril, realizados sobre lienzo de mayor tamaño que los madrileños (177 X 265 cm.). Todos estos cuadros, que forman un mismo conjunto a pesar de la diferencia de tamaño y soporte, están inspirados en una serie de grabados realizados por Jan y Rafael Sadeler según dibujos de Maerten de Vos.

Una de las facetas más importantes de Maerten de Vos fue su faceta como dibujante para la posterior elaboración de grabados. De esta forma sabemos que este artista flamenco llegó a realizar hasta ciento seis escenas de ermitaños que fueron impresas por los hermanos Sadeler de 1588 a 1600 en cuatro volúmenes bajo los siguientes títulos:
1. Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum.
2. Sylvae Sacrae monumenta sanctiorus philosophie quam severa Anachoretarum.
3. Trophaeum vitae Solitariae.
4. Orculum Anachoreticum.
Más un quinto volumen sin fechar realizado por el grabador Juan Bautista Collaert titulado: Solitudo sive vitae foeminarum anachoritarum.

Cuando Federico Borromeo quiso plasmar artísticamente sus inquietudes anacoretas encontró en estas series flamencas todos los elementos iconográficos que estaba buscando y únicamente tuvo que buscar a la persona que se los trasladara con los pinceles.

Esta experiencia no fue algo aislado, como ya dijimos antes, y, al igual que en Milán, a Madrid también llegaron ejemplares de estos grabados que fueron celosamente guardados, como ocurre en el caso de los de las Descalzas Reales. Y así, en una fecha indeterminada, pero lo más probable que en los primeros años del siglo XVII, llegaron a este convento tres de los cinco libros de Maerten de Vos. Nos referimos al "Solitudo sive vitae Patrem Eremicolarum", " Silvae Sacrae" y " Solitudo sive vitae foeminarum anachoritarum", que en la actualidad se conservan encuadernados en un solo volumen. Quizá al mismo tiempo, o pocos años después, esta Fundación Real se hizo con la versión pictórica de los grabados siguiendo esta misma tendencia de amor a la naturaleza como manifestación de la misericordia divina.


REPRESENTACIÓN ICONOGRÁFICA DE LOS ERMITAÑOS

 

a) Concepto de la figura del "ermitaño"

Se denomina con este nombre a la persona que vive en soledad, en lugar retirado, entregado a la contemplación y a la penitencia. Esta postura religiosa está dentro de la doctrina moral llamada ascetismo, que impone al hombre una vida austera, de renuncia de todas las cosas terrenas, mortificando sus tendencias naturales de la sensibilidad y luchando contra los instintos carnales.

Este concepto encuentra aceptación dentro de la vida de las órdenes religiosas de la Edad Media, como es el caso de los Franciscanos, que dan gran importancia a este tipo de doctrina favoreciendo la práctica de la oración, la meditación y la mortificación. En la vida de los franciscanos existe una estrecha relación entre el ascetismo y la vida en naturaleza, no en vano San Francisco gestó la idea de fundar la Orden pasando por períodos de oración en solitario, viviendo en la ermita casi destruida de San Damián. Esta modalidad de vida en solitario ha estado ligada a la Orden Franciscana a lo largo de su desarrollo. En el Monasterio de las Descalzas Reales aún se conservan las llamadas "Casitas" o especie de celdas de mayor tamaño a las que se retiraban las religiosas en solitario para hacer vida de ermitañas durante un período de tiempo.

En los años de la Contrarreforma se produce una especial atención a estos temas y la teología del momento se ocupa de profundizar en aquellas materias que se consideran más importantes. Destacamos así el papel de Francisco Borromeo, como ya dijimos en el anterior apartado, que en sus escritos contempla la naturaleza como una manifestación de la bondad de Dios. La observación de la naturaleza supone un acercamiento al Creador y su propia Presencia se encuentra afirmada en todas las cosas. Esta nueva lectura constituye un cambio importante en el arte sacro, de modo que la interpretación espiritual de temas como el paisaje adquieren un aspecto didáctico que, unido a las representaciones propiamente religiosas, se convierte en una de las principales armas propagandísticas de la Iglesia Católica.

Por otro lado, el culto a los santos tiene unas raíces que según la Escuela de Mitologistas de Alemania, se encuentran en el mundo pagano, considerándolos una contestación de la Iglesia cristiana frente al politeísmo pagano. Los santos sustituirán a los dioses y a los héroes de la Antigüedad, llegándose a encontrar santos íntimamente relacionados con las costumbres paganas; como es el caso de San Hilarión, cuyo culto se relaciona con la existencia de un genio que habitaba en las aguas del monte Hilarius en la región francesa de Gévaudan. También tenemos el caso de San Blas que, al convertirse en protector de los animales, aparece como el más claro heredero de los atributos del dios germánico Volos.

Pero ciertamente, ya desde los primeros años del cristianismo, la figura del santo ermitaño, denominado igualmente en los textos como eremita, asceta o anacoreta, goza de una devoción especial por parte de los colectivos entregados a la vida de oración. El estudio de sus vidas se irá produciendo de forma paulatina y, con el paso del tiempo, llegará a constituir una importante fuente de inspiración tanto para teólogos como para artistas.

 

b) Las fuentes de inspiración

Son tres las principales fuentes de inspiración que ayudaron a literatos y artistas a representar en sus otras aspectos relativos a las vidas de los santos; éstos son: los martirologios, los menologios y los sinaxarios.

Los martirologios y menologios son libros eclesiásticos en los que se relatan los elogios a los santos y mártires, así como los anuncios de las festividades y todas las indicaciones para sus Oficios Divinos. Estos libros se ordenaban según los meses del año comenzando por septiembre, según la costumbre del año eclesiástico de la Iglesia Griega. El más antiguo escrito de esta clase es el denominado Menologio Constantinopolitano, escrito hacia el siglo VIII. En estos repertorios se incluían santos de la Iglesia romana, griega e incluso de algunos Patriarcados como el de Persia. En relación con la serie de las Descalzas Reales hay que apuntar que el primer martirologio oficial se realizó a finales del siglo XVI, siendo encargado por el Papa Gregorio XIII, bajo el título de "Martyrologium Romanorum", publicándose en 1583. Este martirologio fue ampliándose, llegando a constituir el catálogo oficial de Santos venerados por la Iglesia Católica, convirtiéndose en la fuente más importante de inspiración para su representación.

Los sinaxarios son libros eclesiásticos propios de la Iglesia ortodoxa, en donde igualmente se relatan los elogios de los Santos, siendo su principal diferencia con los otros textos en que constituyen una recopilación de textos de diferentes fuentes literarias. Encontramos en estos libros las fiestas de Nuestro Señor, la Virgen María, los Ángeles, los Patriarcas, los Profetas, Apóstoles y Mártires, no sólo de la Iglesia Griega, sino también Romana.

A raíz de estas recopilaciones empiezan a surgir nuevas obras con un carácter más literario, que van a convertirse en las fuentes capitales para la labor de los artistas, como es el caso de la Leyenda Dorada, de Jacques de Varazze, publicada en 1280. Comienza así un proceso de representación de santos, muchos de los cuales fueron creados usando diferentes fuentes literarias, que debido a las devociones populares adquirían un carácter estereotipado, llegándose a representar diferentes santos con las mismas características.

Los mencionados libros de grabados del Monasterio de las Descalzas, en los que se inspira esta serie de cuadros, se encuentran dentro de esta mentalidad; es decir, no importando tanto el relato de la vida de un santo o de un fragmento de ésta de forma detallada, como destacar un aspecto de carácter doctrinal en relación con él mismo, ya sea su actitud ante la pobreza, la oración o la penitencia. El mensaje que llega al espectador muestra los valores que unos determinados personajes, hombres y mujeres, desarrollaron en su vida, careciendo ésta de datos históricos que informen quién era el personaje, de dónde procedía o qué momento de su vida relata.

 

c) Representación iconográfica

La serie de las Descalzas Reales se compone de treinta y cinco cuadros que representan a treinta y tres personajes masculinos y uno femenino. Los cuadros se inspiraron directamente en las tres series de grabados localizadas en el Monasterio, aunque hay que señalar que existen cinco obras que no corresponden a ninguno de estos álbumes, lo que nos lleva a pensar que quizá no fueran realizados por ningún pintor madrileño. De hecho, si esto hubiera sido así, tan importante encargo no hubiera pasado desapercibido por los historiadores de la época y en la actualidad sabríamos quién habría sido su autor. Lo más seguro es que esta colección se haya ejecutado por algún artista flamenco asentado en Roma y que tenía acceso a todos los grabados de ermitaños. Su fecha de ejecución tuvo que ser el primer tercio del siglo XVII.

Los cuadros se distribuyen de la siguiente forma: doce siguen el primer libro, diecisiete el segundo y uno el tercero. La selección realizada por el artista no sigue ningún criterio claro, ya que junto a ermitaños y monjes de tradición ampliamente conocida aparecen otros que tienen una difusión menos popular. Todos los personajes representados son sujetos unidos a la vida eremítica de los siglos III al XIII, y que geográficamente se distribuyen en una zona bastante amplia que abarca toda la costa oriental del Mediterráneo (Egipto, Palestina y Constantinopla, entre otros lugares) en poblaciones, como Cartago, Nicodemia, Gaza o Tebas, entre otras. Aparecen de forma aislada algunos ermitaños de origen francés, italiano y británico.

Uno de los elementos principales de la iconografía es el paisaje, entendido dentro de la tradición de la pintura flamenca, que presenta sus puntos culminantes en la obra de Pieter Brueghel y Pedro Pablo Rubens. El paisaje pasa de ser una parte accesoria del conjunto a tener un valor emblemático, lo que supone un aumento de la calidad y atención con que se ejecuta. Después de una época de gran apertura y cambio, se tiende a una repetición en la técnica y en la composición que asume la herencia de los grandes maestros. Los inicios en este campo se deben a Hieronymus Bosch, creador de una naturaleza ideal y diabólica, en la que las figuras expresan determinados sentimientos a través de su relación con el paisaje. Se establecen así las pautas del paisajismo flamenco en contraposición a la tendencia propuesta por los pintores italianos para los que el celaje adquiere todo su valor siempre que cumpla la misión de exaltar las figuras que lo habitan. En el paisaje flamenco las masas son ordenadas en base a la creación de espacios con múltiples planos que se modelan gracias a una ordenación racional de llenos y vacíos, tonos claros y oscuros.

Los ermitaños aparecen inscritos en esta modalidad del paisaje de organización aritmética, en donde se observa un uso de puntos de vista elevado, ya que busca una intención didáctica en relación con la superación de la condición humana elevando el alma y, por otro lado, un modo de conseguir la profundidad mediante una perspectiva aérea. Este sentido del infinito es alcanzado en los paisajes de los eremitas gracias a una multiplicación de los planos, creando otros intermedios con motivos tales como orillas, caminos o puentes que sirven como elementos de cohesión compositiva.

Dentro del paisaje aparecen las peculiaridades que singularizan el contenido de esta colección. La idea principal que se busca es la del desierto, no como lugar físico-geográfico, sino como concepto espiritual; es el retiro hacia el interior de uno mismo, que no supone un aislamiento real, y así es común entender las escenas donde el ermitaño aparece siempre rodeado por sus compañeros.

Sigue la idea de alimento simbolizada en el pan y el agua como elementos básicos de la manutención de estos personajes. Esta sobriedad en la dieta desembocaba en una mala nutrición que acarreaba todo tipo de desgracias físicas a los ermitaños.

También el agua es un elemento común, ya que vemos aparecer en los cuadros fuentes, manantiales, ríos o cualquier otro tipo de espacio con agua. El agua, en relación con la vida de los eremitas y en su plano más cotidiano, era un fundamento considerado incluso obsceno y pecaminoso; ya que es sabido que estos personajes vivían en solitario o en pequeñas comunidades no lavándose durante toda su vida. Sin embargo, a nivel espiritual, el agua aparece como símbolo de Jesucristo y "fuente" de la vida interior en constante renovación. Igualmente, el agua, como parte compositiva del cuadro, refuerza la idea cristiana del hombre viviendo cerca de la naturaleza, descubriendo en todo lo que le rodea la mano del Creador.

La aparición de animales es muy frecuente como personificaciones de los vicios y tentaciones demoníacas, o como seres emblemáticos del Creador que ayudan al ermitaño en su destierro y colaboran con él en las tareas más duras.

La misma naturaleza, con todas sus diferentes especies de árboles y arbustos, encierra un gran simbolismo. Así vemos la aparición de palmeras como símbolos de la sabiduría divina. En general, las representaciones donde aparecen árboles presentan composiciones donde se acentúa de forma mayor el sentido de recogimiento del eremita.

La serie conservada en el Monasterio de las Descalzas Reales constituye un corpus didáctico de gran protagonismo en la formación de las religiosas, ya que ideológicamente sigue las directrices dadas por la Orden Franciscana. Asimismo, esta colección supone un importante ejemplo de las formas de representación de la figura inscrita dentro de un paisaje siguiendo la corriente estilística flamenca considerada como la más importante de Europa.

 

CATÁLOGO DE LA SERIE DE ERMITAÑOS

Número: S.E. 1.
Título: Amate.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Número: 19.
Localización: Clausura.
Descripción: Puede tratarse del monje y misionero flamenco del siglo VI San Amand, que fundó diversos monasterios en el norte de Francia. La escena representa el momento en que le son arrebatados el pan y el agua por un ave como símbolos de abstinencia y una roca cae sobre su cabaña.

Número: S.E. 2.
Título: Antonio Abad.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 2.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Representa este cuadro el pasaje relatado por San Atanasio de Alejandría en que el santo es tentado en el desierto. Antonio, sentado ante su escritorio, concentrado en la lectura, parece no advertir la presencia de las tentaciones rechazadas por los dos elementos que le protegen: el crucifijo, recuerdo de la Pasión de Cristo, y la campanilla, que ahuyenta a los demonios.

Número: S.E. 3.
Título: Anub.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 24.
Localización: Antecasita.
Descripción: Poco sabemos de este anacoreta egipcio que vivió hacia el 460. En esta representación le encontramos en pie, orante, ante un rompimiento de nubes en que aparece un ángel que le guía para no caer por un precipicio.

Número: S.E. 4.
Título: Arsenio.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 12.
Localización: Sacristía.
Descripción: Anacoreta de origen romano que marchó a Egipto en el siglo V, buscando una mayor pureza de vida, dejando su cargo de preceptor de los hijos del Emperador de Roma. El cuadro se diferencia del grabado por unas figuras que aparecen en segundo plano que representan a un obispo junto a Santa Clara y San Francisco que caminan hacia su choza. Arsenio se distinguió por su especial modo de sentarse como protesta ante las costumbres cortesanas.

Número: S.E. 5.
Título: Benito de Nursia.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: No consta en la colección de grabados.
Localización: Zaguán.
Descripción: Aparece el santo en edad avanzada, tal como nos lo describe Santiago de la Vorágine en su Leyenda Dorada, en el momento de su muerte, ascendiendo por un camino iluminado que partía de su celda y llegaba hasta el firmamento.

Número S.E. 6.
Título: Benito de Nursia.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 11.
Localización: Clausura.
Descripción: El cuadro representa a San Benito en la cueva a la que se retiró durante tres años sin tener más contacto con el mundo que las visitas del monje Román, el cual alimentaba al santo. Siguiendo la Leyenda Dorada, vemos cómo San Román enviaba la comida al de Nursia a su inaccesible cueva mediante una cuerda de la que pendía un cencerro. De esta forma, el santo, al oir el sonido, salía de la cueva, recogía el alimento y volvía a su retiro.

Número: S.E. 7.
Título: Blasius.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 8.
Localización: Clausura.
Descripción: El santo aparece en su cueva en oración siendo contemplado por bestias salvajes. En el fondo podemos distinguir a tres personajes armados que se identifican con los criados del prefecto del Emperador Licinio, que le capturaron, para luego someterle al martirio.

Número: S.E. 8.
Título: Charitón.
Técnica. Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 1.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Su sencilla representación, en lo alto de un monte, sentado y en oración ante un crucifijo, nada tienen que ver con su tradicional representación como mártir de la Iglesia. San Charitón sufrió la muerte junto a San Zenón durante las persecuciones de Diocleciano, muriendo en un horno ardiendo.

Número: S.E. 9.
Título: Ciomus.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 25.
Localización: Sacristía interior.
Descripción: Santo de origen desconocido al que se le representa anciano, cargado de hombros, saliendo de su cabaña rodeado por otros monjes ermitaños que viven en torno a un monasterio.

Número: S.E. 10.
Título: Gil.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 20.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Se trata de San Gil de Languedoc, santo ateniense nacido en el siglo VII, que vivió en Arlés junto a San Cesario. La escena relata el momento en que el Rey Wamba, yendo de caza, lo encontró solitario en una selva de la Galia Narbonense.

Número: S.E. 11.
Título: Elías.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 14.
Localización: Antecasita.
Descripción: Puede tratarse del Hermano Elías, uno de los primeros compañeros de San Francisco de Asís, que le acompañó en su retiro. El santo aparece sentado en el suelo, concentrado en su lectura, ante un crucifijo.

Número: S.E. 12.
Título: Epifanio.
Técnica: Oleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 6.
Localización: Antecasita.
Descripción: Aparece el obispo de Pavía retirado en un aprisco, sumido en su lectura junto a un manantial que brota de una roca gracias a su piedad y constancia en la oración.

Número: S.E. 13.
Título: Eulogio.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 16.
Localización: Clausura.
Descripción: Santo originario de Alejandría, que junto a un grupo de monjes, se retiró al desierto huyendo de las comodidades del mundo. Aparece sentado, leyendo bajo un árbol. En segundo plano podemos distinguir a sus compañeros.

Número: S.E. 14.
Título: Evagrio.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 19.
Localización: antecasita.
Descripción: Monje asceta y teólogo griego famoso por sus escritos místicos. En el cuadro se le representa en el interior de su cabaña, sentado, rodeado de libros y objetos típicos de escritorio.

Número: S.E. 15.
Título: Fulgencio.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 5.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Arzobispo africano del siglo VI, exiliado a la isla de Cerdeña por su pasión en la predicación del Evangelio. Se le representa ante una cueva en cuyo interior un monje prepara el altar para la celebración de los Oficios Divinos.

Número: S.E. 16.
Título: Gallus.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 18.
Localización: Clausura.
Descripción: Misionero irlandés nacido hacia el 550. En el cuadro aparece representado tumbado, en penitencia, ante un crucifijo siendo observado por el oso que le había ayudado a construir su ermita. Según la leyenda, este animal había sido sanado por el santo. El oso de San Gall es el equivalente selvático del león de San Jerónimo.

Número: S.E. 17.
Título: Gothalco.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 15.
Localización: Zaguán.
Descripción: Eremita británico del siglo VII que fue de sangre real. Se le representa en el paraje al que se retiró a hacer vida en solitario y al que sólo se podía acceder por barco. En este lugar sufrió violentas tentaciones que pudo superar gracias a la presencia confortadora de un ángel.

Número: S.E. 18.
Título: Guillelmus.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 27.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Se trata de un santo francés, procedente de Aquitania, que, tras luchar junto a Carlomagno, se retiró en busca de la perfección espiritual de la vida retirada. Sus atributos son el yelmo y la cota de mallas, y así aparece en el cuadro, sentado bajo su choza en actitud orante.

Número: S.E. 19.
Título: Heleno.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 10.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Podría tratarse de Helan de Cornwall, sacerdote y eremita inglés. Se le representa caminando ante su cabaña con un puñado de hierbas que le servían de alimento.

Número: S.E. 20.
Título: Hilarion.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolrum. Núm. 3.
Localización: Clausura.
Descripción: Santo eremita compañero de San Antonio y pionero de la vida monástica en Oriente. Se le representa orando, arrodillado ante su cabaña, junto a las Sagradas Escrituras que, según la leyenda, se las llegó a saber casi enteramente de memoria.

Número: S.E. 21.
Título: Jacobo.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm. Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 7.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Santo de origen desconocido que sigue una iconografía similar a la de San Jerónimo. Le vemos vestido con un hábito de esparto, arrodillado ante una tumba con restos humanos y golpeándose el pecho con una piedra.

Número: S.E. 22.
Título: Juan.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 6.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Se trata de San Juan Abad, cuya vida se encuentra recogida en el Libro de las Vidas de los Padres del Desierto. Aparece el santo en su primer retiro de una semana, al que se marcho en propósito de vivir en absoluta quietud y en total entrega a la constante contemplación de Dios.

Número: S.E. 23.
Título: Marco.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae: Núm.2.
Localización: Clausura.
Descripción: Al no haber podido localizar a ningún Marcos ermitaño, pensamos que nos encontramos ante una nueva iconografía de San Marcos Evangelista como eremita, escribiendo su Evangelio.

Número: S.E. 24.
Título: María Egipcíaca.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae foeminarum anachoritarum. Núm. 3.
Localización: Clausura.
Descripción: Nos encontramos ante el único ejemplo femenino de vida eremita que se realizó para esta serie de las Descalzas. En el cuadro vemos representadas dos escenas de la vida de la Santa; en primer plano vemos a Sán Zósimo dando la Comunión a la Santa el día de Jueves Santo a orillas del río Jordán, lugar al que se había retirado. La escena del fondo representa de nuevo a Zósimo dando sepultura a María Egipcíaca ayudado por un león.

Número: S.E. 25.
Título: Martius.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 10.
Localización: Clausura.
Descripción: Se trata de San Martín, obispo de Tours, pionero de la vida eremita occidental. Se le representa en la cueva donde vivió, junto con los atributos propios de anacoreta además de los símbolos de obispo.

Número: S.E. 26.
Título: Martinianus.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 16.
Localización: Claustro Bajo.
Descripción: Representa el cuadro uno de los momentos más importantes de la vida de este santo. En primer plano encontramos al santo en su ocupación habitual haciendo cestos, mientras que en el fondo vemos un naufragio, resultado del cual una doncella alcanza el lugar donde él vivía. Ante esta situación, Martiniano decidió hacer la señal de la cruz y lanzarse al mar.

Número: S.E. 27.
Título: Onofre.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 27.
Localización: Clausura.
Descripción: Famoso eremita de origen egipcio que rechazó su condición noble para retirarse a vivir al desierto. Allí fue encontrado con Pafnucio tras sesenta años de soledad. Se le representa arrodillado, casi desnudo en actitud de oración.

Número: S.E. 28.
Título: Paulo.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 1.
Localización: Clausura.
Descripción: Considerado como el primer ermitaño de la primitiva Iglesia. Se le representa siempre acompañado del ave que le proveía de alimentos.

Número: S.E. 29.
Título: Phianon.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Solitudo sive vitae Patrum Erimicolarum. Núm. 28.
Localizacoón: Claustro Bajo.
Descripción: Se desconoce el origen de este ermitaño, puede estar relacionado con San Fibamón, santo de origen egipcio.

Número: S.E. 30.
Título: Ramón.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: No consta en la colección de grabados.
Localización: Clausura.
Descripción: Se trata, sin lugar a dudas, de San Román Abad, compañero de San Benito, al cual alimentaba.

Número: S.E. 31.
Título: Romualdo.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: No consta en la colección de grabados.
Localización: Clausura.
Descripción: Santo de origen italiano fundador de la Orden Camaldulense. Se distinguió por su vida dedicada a la fundación de cenobios.

Número: S.E. 32.
Título: Simón.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 23.
Localización: Clausura.
Descripción: Santo de origen desconocido que podría relacionarse con Simón de Atherfield, eremita inglés que sufrió martirio durante el siglo XII por manos de los normandos.

Número: S.E. 33.
Título: Simón Estilita.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: No consta en la colección de grabados.
Localización: Zaguán.
Descripción: Ermitaño del siglo V y el más importante de los que asumieron la forma de vida sobre columna como rasgo más singular de su ascetismo. Aparece siempre representado en lo alto de su pedestal, a modo de estatua viviente, simbolizando la elevación del alma por encima del nivel humano.

Número: S.E. 34.
Título: Zoerardo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: Silvae Sacrae. Núm. 24.
Localización: Antecasita.
Descripción: Aunque es un eremita de origen desconocido su iconografía resulta en todo punto espectacular por la forma tan singular de su penitencia. Para mantenerse siempre despierto y constante en la oración, el santo se encerró en un tronco de árbol al que atravesó con multitud de puntas.

Número: S.E. 35.
Título: Zoximo.
Técnica: óleo sobre lienzo.
Medidas: 166 X 209 cm.
Procedencia: No aparece en la colección de grabados.
Localización: Clausura.
Descripción: Ermitaño de la Tebaida muerto en el 440 que vivió en las montañas rodeado de bestias salvajes, que le sirven de símbolo iconográfico.

 


ILUSTRACIONES

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