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Desde 1510 la figura del arcángel
San Miguel aparece ilustrando el escudo heráldico del incipiente
municipio de La Laguna. Sus alas desplegadas, símbolo de su poder
ascensional sobre el cielo de la isla de Tenerife, junto con una leyenda
que reza en su orla por la que se pide su protección divina,
constituyen su simbología esencial. Por ahora, los resultados de las investigaciones
recientes sobre la titularidad de San Miguel en algunas ciudades, iglesias
de pueblos y suburbios tienden a no esbozar una teoría de conjunto,
sino que más bien se han preocupado en destacar algunos puntos
de una problemática que es susceptible de abrir horizontes sobre
mentalidades urbanas. El caso del escudo de La Laguna posee un contenido
textual e icónico a través del cual se pueden deducir
contenidos significativos acerca del momento preciso en que estaba surgiendo
un municipio de nuevo cuño colonial, en las primeras décadas
del siglo XVI, bajo el dominio de la Corona. Nos pareció oportuno, cuando
a punto está de cumplirse el primer medio milenario de la fundación
de la ciudad de los Adelantados, el presentar ahora algunos de los resultados
que han sido extraídos de una investigación reciente sobre
la iconografía de San Miguel en Canarias (1) que, como es natural,
no podía pasar por alto el análisis de la heráldica
de esta ciudad en la que aparece la agresiva figura del arcángel
San Miguel sobre la isla y con las armas de Castilla y León a
ambos lados. A San Miguel lo hemos entendido, grosso
modo, como señor del espacio y príncipe de los seres
alados que, al igual que Hermes, es mensajero entre la divinidad y el
hombre. Su culto, muchas de las veces, ha venido asociado a la idea
de guardián de un lugar indestructible en sí mismo (2)
y, lo que es más importante, por su naturaleza espiritual no
sólo se restringe su presencia a un altar concreto, sino que
se ve proyectada a todo un lugar: ciudades, villas, pueblos, suburbios,
promontorios, etc. La marca de su poder excepcional: Quis sicut Deus,
explica la particular estima que le tuvieron los grandes de este mundo
(3). ¿Con qué derecho y bajo
qué simbología las primeras autoridades hicieron suya
la figura del Arcángel para convertirla en el emblema de la ciudad
y de la isla de Tenerife? En un principio, se podría insistir
en un terreno abonado ya por el mismo Conquistador y fundador de la
ciudad, quien había hecho gala de una especial devoción
-más interesada que generosa- hacia el Arcángel en las
conquistas de La Palma y Tenerife. Él había puesto dos
capillas bajo la advocación del referido Arcángel en el
incipiente casco urbano de La Laguna. La primera se llamó ermita
de San Miguel de las Victorias (4), que ya estaba construida en 1500
y donde más tarde el Conquistador pidió ser enterrado
junto con sus familiares (5); la otra sería la ermita de San
Miguel de los Ángeles, que data de 1506 (6). Podemos referirnos
también a una concepción existente un tanto providencial,
mediante la cual se entendía que la isla había sido ganada
un 29 de septiembre, festividad precisamente del Arcángel. Una
data de 29 de mayo de 1505 da cuenta de ello (Libro de datas del Cabildo
de Tenerife, fol. 113). En otras datas otorgadas por el Conquistador
se muestra este hecho de manera menos explícita: 1.° A "los
frailes del Espíritu Santo ... con cargo de ... celebrar oficios
divinos, de vísperas e missas, la ... fiesta ... de Sant Miguel
a veintinueve de setiembre ..." (18 de septiembre de 1504). 2.°
" A la iglesia del Señor San Miguel ..., por cuanto el bienaventurado
señor Sant Miguel es mi abogado y protector y defensor en las
conquistas que yo hice en estas dos islas..." (10 de agosto de
1515) (7). No obstante, la elección de la
figura de San Miguel para ilustrar el escudo heráldico de la
ciudad de La Laguna e isla de Tenerife, dejará de ser compleja
a la vista de un documento regio, fechado el 23 de marzo de 1510, a
través del cual se puede deducir que dicha elección religiosa
fue suscitada por parte de los regidores del lugar, como seguidamente
veremos, sin que por ello haya que pasar por alto, de ninguna manera,
la carrera con que ya contaba San Miguel en el seno de este proceso
de conquista y, lo que es fundamental, de colonización. No podemos
olvidar que el culto de San Miguel se ve reactivado en regiones tardíamente
convertidas al cristianismo. Transcurridos ya unos trece años
de la toma de la isla al mando del capitán Alonso Fernández
de Lugo, los conquistadores habían suplicado a la reina doña
Juana, por medio de un mensajero llamado Pedro de Vergara, que se diera
a La Laguna, y por consiguiente a toda la isla, un escudo de armas (8).
Un diploma de Fernando el Católico expedido a nombre de su infortunada
hija Juana, es la respuesta a tal petición, tal como leemos en
la Real Cédula de 23 de marzo de 1510. Ésta puede consultarse
actualmente en su integridad, ya que el pergamino se halla cuidadosamente
enmarcado en el ayuntamiento lagunero. Como se desprende del mismo, el texto resulta un tanto curioso por la imprecisión de su lenguaje heráldico: "... e por la presente vos doy por armas el angel San Miguel armado con una lana e una vandera en la una mano e un escudo en la otra e debaxo puesta una breña de que sale del alto della unas llamas de fuego que se nombra teydan e un león a la una parte de dicha breña e un castillo a la otra e debaxo de dicha breña la dicha ysla de thenerifee en campo verde a la mar alderredor e todo ello puesto en un escudo en campo amarillo con unas letras amarillas por la orla en campo colorado que dize Michael arcangel beni ym adjutorium populo Dei thenerifee me fecit, segund va pintado en esta mi carta en memoria de que la dicha ysla de thenerifee se ganó día de San Miguel por el dicho Adelantado..." (9). A la vista del texto, pronto se cae en la cuenta de
que la referencia visual del Arcángel responde al hecho memorable
de que la isla fue ganada, según la tradición, el 29 de
septiembre, festividad del arcángel San Miguel (10). Pero esto
ya ha sido desmentido por la historiografía moderna, que tiende
a ver en ello el carácter meramente simbólico que debieron
tener determinadas fechas del calendario litúrgico a la hora
de dar cuenta de rendición o ganancias de las islas (11). La
anterior isla conquistada, La Palma, fue igualmente puesta bajo la protección
del arcángel San Miguel, dado que el desembarco se había
situado también el día de San Miguel, si atendemos a los
cronistas (12). Hoy sabemos que dicha advocación fue puesta por
los Reyes Católicos antes del desembarco definitivo, dada la
resistencia que oponían los naturales: "... e tornándose
los dichos canarios de la dicha isla cristianos o tomados por fuerça
non se queriendo convertir que dende en adelante se llame e tetule la
isla de San Miguel de La Palma..." (13). No será sorprendente ver elevarse a través
de aquella petición efectuada por los regidores del lugar, un
movimiento " autonómico" de carácter urbano
en unas fechas en que los naturales sobrevivientes a la fuerza de las
armas vivían aún allí -aunque fueron, por una u
otra razón, paulatinamente diezmados- y que acaso no resultaba
fácil abjurasen de sus creencias originales y abrazasen la nueva
religión que se les quería imponer con el apoyo "sugerente"
del poder de las armas. En otras palabras, una adecuación del
colectivo de regidores a la imagen de aquél que se considera
capaz de oponerse a las fuerzas combatidas -los infieles- identificadas
con las fuerzas del Mal. La intención significativa de poner en escena
al arcángel San Miguel sobre la isla de Tenerife, debe ser entendida,
ante todo y a la vista del texto, como una simbiosis entre el triunfo
de Miguel -representante de una victoria espiritual total- y la que
obtuvo el conquistador Alonso Fernández de Lugo "por la
gracia de Dios ... con ayuda e favor del Rey, mi señor e padre,
e de la Reyna, mi señora madre ... ganó la dicha ysla,
e fue poblada de cristianos", tal como suscribía la reina
Juana al comienzo de dicho pergamino. El contenido programático e ideológico
que encierra este escudo de armas quedaba de manifiesto en la leyenda
que se mandaba escribir en su orla, eso sí, escrita en sentido
cristiano: MICHAEL ARCANGEL VENI YM ADJUTORIUM POPULO DEI THENERIFEE
ME FECIT [Miguel Arcángel ven en ayuda del pueblo de Dios, Tenerife
me hizo]. Se establece, pues, una invocación al Arcángel
pidiéndole su ayuda para aquel pueblo que recientemente había
sido sometido a la curia romana. El texto de la Real Cédula es
esclarecedor en este punto: " ... por la gracia de Dios ... fue
poblada de cristianos ..." . El reclamo que se establece
al Arcángel, príncipe de la milicia celestial y, por analogía,
de la terrena, ha quedado evidenciado a través de esta inscripción
latina, subrayándose así la significación triunfal
de una victoria no sólo religiosa sino también política. No eligieron al clásico San Miguel batiendo al
dragón. No eligieron al conocido San Miguel portador de la balanza.
Eligieron, en este caso, al abanderado de Dios, pertrechado con armadura
empavonada portando con su mano diestra una lanza acabada en banderín,
en tanto que la siniestra sustenta un escudo oval. Sus alas desplegadas
nos recuerdan su naturaleza espiritual y protectora. El escudo de armas de la ciudad de La Laguna concedido
por Fernando el Católico nos permite una lectura de fondo que
descubre la estrecha relación con el ideario de la monarquía
hispánica del momento, con su política expansiva y de
dominación, en la que se solicita el poder excepcional Qui sicut
Deus de aquél a quien se supone invencible. Pronto empezó a divulgarse, pues la misma carta
exhortaba a los regidores del lugar a insistir en su propagación
pública "... para que las podays poner e pongais en el sello
desa dicha ysla e en las vanderas dellas e en las torres e puertas e
puentes e en los otros hedeficios e obras publicas que hicierdes e pintardes...".
Uno de los ejemplos más antiguos que han llegado a nuestros días
lo podemos encontrar en la antigua Casa del Corregidor, actual ayuntamiento
lagunero, concretamente en la fachada a la calle de Carrera, donde aparece
el escudo, labrado en piedra, en una excelente portada de cantería
colorada de estilo plateresco y cuya construcción, se sabe, finalizó
en 1545. Hoy en día el escudo lo vemos aparecer en numerosos
rótulos de calles, elementos de uso para el ciudadano o de carácter
informativo, o acuñando y sirviendo de membrete a toda la burocracia
municipal. Este escudo que durante tantos años se ofreció
como mero valor documental e histórico, y en cierta medida artístico,
a través de los diferentes monumentos públicos en los
que se veía inserto, lo encontramos a partir de ahora como un
símbolo heráldico de carácter un tanto vulgarizado. Tal como se desprende de lo anteriormente dicho, la figura del Arcángel con contenido doctrinal cristiano ha sido trasvasada a un medio laico. La imagen fundamentalmente religiosa del Arcángel, como baluarte simbólico y efectivo del Bien, se ve traspuesta o desplazada a un medio civil carente en parte del sentido direccional de valores que antes poseía. Así, vemos cómo el arcángel San Miguel aparece representado con las armas de Castilla y León y la silueta de la isla de Tenerife con un peñasco o montaña que emana fuego. Todo ello forma parte de las claves de este lenguaje heráldico. De esta manipulación, de la que es objeto el Arcángel, no parece sin embargo haberse dado cuenta el clero o, en todo caso, haberla aceptado sin presentarle ningún obstáculo, comprendiéndola. Las autoridades civiles tornaron cívica, por conveniencias políticas, la figura de Miguel, convirtiendo el personaje fuera ya de la esfera religiosa (aunque en muchas ocasiones, como hemos podido comprobar, con tintes interesadamente terrenales), en el supremo abanderado de Dios sobre la ciudad e isla, y de cuya exclusiva representación eran estas autoridades las depositarias, escudo ahora, pues, de la autoridad civil después de haberlo sido, y por tanto tiempo, de la sola autoridad divina.
NOTAS (1) Martín Sánchez, Miguel Ángel, Miguel, el Arcángel de Dios en Canarias. Aspectos socioculturales y artísticos. Ed. Aula de Cultura del Excmo. Cabildo insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1991. (2) Vorágine, Santiago de la, La Leyenda dorada, Alianza, Madrid, t. 2, pp. 621 y 622-623. (3) A este respecto, véase el trabajo de Waha, Michel de, "Le dragon terrassé, théme triomphal depuis Constantin", en VV.AA., Saint Michel et sa symbolique, Éditions d'Art Lucren De Meyer, Bruselas, 1979, pp. 43-113, quien ha analizado el tema del "poder" del Arcángel en los dominios de la conducta de los estados, insiste en subrayar que los fenómenos de resurgimiento del culto de San Miguel coincide con épocas de cambios profundos: la Guerra de los cien años, las visiones de San Miguel que tuvo Juana de Arco; asimismo, estudia el estandarte real y su metamorfosis. La creación por parte de Luis XI de la Orden de San Miguel en Amboise el 1 de agosto de 1469 fue debidamente precisada. (4) Wangüemert y Poggio, José, Influencia del Evangelio en la Conquista de Canarias, en "Revista de Archivos, Bibl. y Museos", Madrid, 1909, pp. 347-348. (5) Véase el Testamento de don Alonso Fernández de Lugo (12 de marzo de 1525) publicado por Rosa Olivera, Leopoldo, y Serra Ráfols, Elías, El Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo y su residencia por Lope de Sosa. "Fontes Rerum Canararium", fasc. III, ed. Cons. Sup. de Invest. Científ. e Instituto de Est. Canarios de la Univ. de La laguna, 1949, pp. 179-183. (6) Ídem, pp. 164-166. (7) Rumeu de Armas, Antonio, La Conquista de Tenerife (1494-1496), Ed. Aula de Cultura del Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, 1975, p. 294.
(9) Es el historiador Núñez de la Peña quien descubrió esta Real Cédula en el Archivo del Cabildo de Tenerife. Rumeu, op. cit., p. 293. Aunque la transcripción de la misma se puede ver en Núñez de la Peña, Juan, Conquista y Antigüedades de las Islas de Gran Canaria..., Madrid, 1676, que conozco por la ed. hecha en Santa Cruz de Tenerife, 1847, he preferido utilizar aquí la transcripción literal que de la misma ha hecho recientemente doña Francisca Moreno Fuentes, archivera del Excmo. Ayuntamiento de La Laguna, al ser más exacta y respetuosa con el texto original. (10) Para Elías Serra, éste debe ser el más antiguo documento en que tal hecho se afirma " y ello en vida de los conquistadores y sin duda por su informe"; Serra, op. cit., p. 242. Núñez mantendrá en su historia esta coincidencia del veintinueve de septiembre -festividad del Arcángel- como segunda y definitiva sumisión de los naturales de esta isla; Rumeu, op. cit., pp. 293-294. De igual modo lo harán los historiadores Castillo y Viera y Clavijo, Ibídem. (11) Serra, op. cit., pp. 242-244; Rumeu, op. cit., p . 291-294; sobre todo, Bonet y Reverón, Buenaventura, La rendición de Tenerife. Dos fechas memorables, en "El Día", S/C. de Tenerife, 29 de setiembre de 1948, donde se demuestra cumplidamente.
(13) Rosa Olivera, Leopoldo, y Serra Ráfols, Elías, op. cit., pp. 147-148, en donde se recoge el documento en que los Reyes Católicos prometen a don Alonso Fernández de Lugo el gobierno de la Isla de La Palma, para cuando la haya terminado de conquistar (fechado en Córdoba, 8 de junio, 1492). ILUSTRACIONES LÁMINA 1 - LÁMINA 2 - LÁMINA 3
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