CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo IV - 8. 1991
 

 

LA IMAGEN DE SAN MIGUEL EN EL ESCUDO HERÁLDICO DE LA LAGUNA: UN PROGRAMA POLÍTICO ILUSTRADO EN SENTIDO CRISTIANO

Miguel Ángel Martín Sánchez

Desde 1510 la figura del arcángel San Miguel aparece ilustrando el escudo heráldico del incipiente municipio de La Laguna. Sus alas desplegadas, símbolo de su poder ascensional sobre el cielo de la isla de Tenerife, junto con una leyenda que reza en su orla por la que se pide su protección divina, constituyen su simbología esencial.

Por ahora, los resultados de las investigaciones recientes sobre la titularidad de San Miguel en algunas ciudades, iglesias de pueblos y suburbios tienden a no esbozar una teoría de conjunto, sino que más bien se han preocupado en destacar algunos puntos de una problemática que es susceptible de abrir horizontes sobre mentalidades urbanas. El caso del escudo de La Laguna posee un contenido textual e icónico a través del cual se pueden deducir contenidos significativos acerca del momento preciso en que estaba surgiendo un municipio de nuevo cuño colonial, en las primeras décadas del siglo XVI, bajo el dominio de la Corona.

Nos pareció oportuno, cuando a punto está de cumplirse el primer medio milenario de la fundación de la ciudad de los Adelantados, el presentar ahora algunos de los resultados que han sido extraídos de una investigación reciente sobre la iconografía de San Miguel en Canarias (1) que, como es natural, no podía pasar por alto el análisis de la heráldica de esta ciudad en la que aparece la agresiva figura del arcángel San Miguel sobre la isla y con las armas de Castilla y León a ambos lados.

A San Miguel lo hemos entendido, grosso modo, como señor del espacio y príncipe de los seres alados que, al igual que Hermes, es mensajero entre la divinidad y el hombre. Su culto, muchas de las veces, ha venido asociado a la idea de guardián de un lugar indestructible en sí mismo (2) y, lo que es más importante, por su naturaleza espiritual no sólo se restringe su presencia a un altar concreto, sino que se ve proyectada a todo un lugar: ciudades, villas, pueblos, suburbios, promontorios, etc. La marca de su poder excepcional: Quis sicut Deus, explica la particular estima que le tuvieron los grandes de este mundo (3).

¿Con qué derecho y bajo qué simbología las primeras autoridades hicieron suya la figura del Arcángel para convertirla en el emblema de la ciudad y de la isla de Tenerife?

En un principio, se podría insistir en un terreno abonado ya por el mismo Conquistador y fundador de la ciudad, quien había hecho gala de una especial devoción -más interesada que generosa- hacia el Arcángel en las conquistas de La Palma y Tenerife. Él había puesto dos capillas bajo la advocación del referido Arcángel en el incipiente casco urbano de La Laguna. La primera se llamó ermita de San Miguel de las Victorias (4), que ya estaba construida en 1500 y donde más tarde el Conquistador pidió ser enterrado junto con sus familiares (5); la otra sería la ermita de San Miguel de los Ángeles, que data de 1506 (6). Podemos referirnos también a una concepción existente un tanto providencial, mediante la cual se entendía que la isla había sido ganada un 29 de septiembre, festividad precisamente del Arcángel. Una data de 29 de mayo de 1505 da cuenta de ello (Libro de datas del Cabildo de Tenerife, fol. 113). En otras datas otorgadas por el Conquistador se muestra este hecho de manera menos explícita: 1.° A "los frailes del Espíritu Santo ... con cargo de ... celebrar oficios divinos, de vísperas e missas, la ... fiesta ... de Sant Miguel a veintinueve de setiembre ..." (18 de septiembre de 1504). 2.° " A la iglesia del Señor San Miguel ..., por cuanto el bienaventurado señor Sant Miguel es mi abogado y protector y defensor en las conquistas que yo hice en estas dos islas..." (10 de agosto de 1515) (7).

No obstante, la elección de la figura de San Miguel para ilustrar el escudo heráldico de la ciudad de La Laguna e isla de Tenerife, dejará de ser compleja a la vista de un documento regio, fechado el 23 de marzo de 1510, a través del cual se puede deducir que dicha elección religiosa fue suscitada por parte de los regidores del lugar, como seguidamente veremos, sin que por ello haya que pasar por alto, de ninguna manera, la carrera con que ya contaba San Miguel en el seno de este proceso de conquista y, lo que es fundamental, de colonización. No podemos olvidar que el culto de San Miguel se ve reactivado en regiones tardíamente convertidas al cristianismo.

Transcurridos ya unos trece años de la toma de la isla al mando del capitán Alonso Fernández de Lugo, los conquistadores habían suplicado a la reina doña Juana, por medio de un mensajero llamado Pedro de Vergara, que se diera a La Laguna, y por consiguiente a toda la isla, un escudo de armas (8). Un diploma de Fernando el Católico expedido a nombre de su infortunada hija Juana, es la respuesta a tal petición, tal como leemos en la Real Cédula de 23 de marzo de 1510. Ésta puede consultarse actualmente en su integridad, ya que el pergamino se halla cuidadosamente enmarcado en el ayuntamiento lagunero.

Como se desprende del mismo, el texto resulta un tanto curioso por la imprecisión de su lenguaje heráldico:

"... e por la presente vos doy por armas el angel San Miguel armado con una lana e una vandera en la una mano e un escudo en la otra e debaxo puesta una breña de que sale del alto della unas llamas de fuego que se nombra teydan e un león a la una parte de dicha breña e un castillo a la otra e debaxo de dicha breña la dicha ysla de thenerifee en campo verde a la mar alderredor e todo ello puesto en un escudo en campo amarillo con unas letras amarillas por la orla en campo colorado que dize Michael arcangel beni ym adjutorium populo Dei thenerifee me fecit, segund va pintado en esta mi carta en memoria de que la dicha ysla de thenerifee se ganó día de San Miguel por el dicho Adelantado..." (9).

A la vista del texto, pronto se cae en la cuenta de que la referencia visual del Arcángel responde al hecho memorable de que la isla fue ganada, según la tradición, el 29 de septiembre, festividad del arcángel San Miguel (10). Pero esto ya ha sido desmentido por la historiografía moderna, que tiende a ver en ello el carácter meramente simbólico que debieron tener determinadas fechas del calendario litúrgico a la hora de dar cuenta de rendición o ganancias de las islas (11). La anterior isla conquistada, La Palma, fue igualmente puesta bajo la protección del arcángel San Miguel, dado que el desembarco se había situado también el día de San Miguel, si atendemos a los cronistas (12). Hoy sabemos que dicha advocación fue puesta por los Reyes Católicos antes del desembarco definitivo, dada la resistencia que oponían los naturales: "... e tornándose los dichos canarios de la dicha isla cristianos o tomados por fuerça non se queriendo convertir que dende en adelante se llame e tetule la isla de San Miguel de La Palma..." (13).

No será sorprendente ver elevarse a través de aquella petición efectuada por los regidores del lugar, un movimiento " autonómico" de carácter urbano en unas fechas en que los naturales sobrevivientes a la fuerza de las armas vivían aún allí -aunque fueron, por una u otra razón, paulatinamente diezmados- y que acaso no resultaba fácil abjurasen de sus creencias originales y abrazasen la nueva religión que se les quería imponer con el apoyo "sugerente" del poder de las armas. En otras palabras, una adecuación del colectivo de regidores a la imagen de aquél que se considera capaz de oponerse a las fuerzas combatidas -los infieles- identificadas con las fuerzas del Mal.

La intención significativa de poner en escena al arcángel San Miguel sobre la isla de Tenerife, debe ser entendida, ante todo y a la vista del texto, como una simbiosis entre el triunfo de Miguel -representante de una victoria espiritual total- y la que obtuvo el conquistador Alonso Fernández de Lugo "por la gracia de Dios ... con ayuda e favor del Rey, mi señor e padre, e de la Reyna, mi señora madre ... ganó la dicha ysla, e fue poblada de cristianos", tal como suscribía la reina Juana al comienzo de dicho pergamino.

El contenido programático e ideológico que encierra este escudo de armas quedaba de manifiesto en la leyenda que se mandaba escribir en su orla, eso sí, escrita en sentido cristiano: MICHAEL ARCANGEL VENI YM ADJUTORIUM POPULO DEI THENERIFEE ME FECIT [Miguel Arcángel ven en ayuda del pueblo de Dios, Tenerife me hizo].

Se establece, pues, una invocación al Arcángel pidiéndole su ayuda para aquel pueblo que recientemente había sido sometido a la curia romana. El texto de la Real Cédula es esclarecedor en este punto: " ... por la gracia de Dios ... fue poblada de cristianos ..." . El reclamo que se establece al Arcángel, príncipe de la milicia celestial y, por analogía, de la terrena, ha quedado evidenciado a través de esta inscripción latina, subrayándose así la significación triunfal de una victoria no sólo religiosa sino también política.

No eligieron al clásico San Miguel batiendo al dragón. No eligieron al conocido San Miguel portador de la balanza. Eligieron, en este caso, al abanderado de Dios, pertrechado con armadura empavonada portando con su mano diestra una lanza acabada en banderín, en tanto que la siniestra sustenta un escudo oval. Sus alas desplegadas nos recuerdan su naturaleza espiritual y protectora.

¿Sigue esta "apropiación" la línea ya iniciada por numerosos pueblos y suburbios en Occidente, que se colocaron bajo la protección de Miguel para conjurar las fuerzas del Mal y que acaso aquí se puedan entender representadas subrepticiamente por los guanches, calificados como infieles y paganos -según diversas consideraciones- por las bulas papales ya desde el siglo XIV? De todas formas, la simbiosis mitad religiosa, mitad civil o laica llegó también a La Laguna y se realizó en un clima político determinado.

El escudo de armas de la ciudad de La Laguna concedido por Fernando el Católico nos permite una lectura de fondo que descubre la estrecha relación con el ideario de la monarquía hispánica del momento, con su política expansiva y de dominación, en la que se solicita el poder excepcional Qui sicut Deus de aquél a quien se supone invencible.

Pronto empezó a divulgarse, pues la misma carta exhortaba a los regidores del lugar a insistir en su propagación pública "... para que las podays poner e pongais en el sello desa dicha ysla e en las vanderas dellas e en las torres e puertas e puentes e en los otros hedeficios e obras publicas que hicierdes e pintardes...". Uno de los ejemplos más antiguos que han llegado a nuestros días lo podemos encontrar en la antigua Casa del Corregidor, actual ayuntamiento lagunero, concretamente en la fachada a la calle de Carrera, donde aparece el escudo, labrado en piedra, en una excelente portada de cantería colorada de estilo plateresco y cuya construcción, se sabe, finalizó en 1545.

Hoy en día el escudo lo vemos aparecer en numerosos rótulos de calles, elementos de uso para el ciudadano o de carácter informativo, o acuñando y sirviendo de membrete a toda la burocracia municipal. Este escudo que durante tantos años se ofreció como mero valor documental e histórico, y en cierta medida artístico, a través de los diferentes monumentos públicos en los que se veía inserto, lo encontramos a partir de ahora como un símbolo heráldico de carácter un tanto vulgarizado.

Tal como se desprende de lo anteriormente dicho, la figura del Arcángel con contenido doctrinal cristiano ha sido trasvasada a un medio laico. La imagen fundamentalmente religiosa del Arcángel, como baluarte simbólico y efectivo del Bien, se ve traspuesta o desplazada a un medio civil carente en parte del sentido direccional de valores que antes poseía. Así, vemos cómo el arcángel San Miguel aparece representado con las armas de Castilla y León y la silueta de la isla de Tenerife con un peñasco o montaña que emana fuego. Todo ello forma parte de las claves de este lenguaje heráldico. De esta manipulación, de la que es objeto el Arcángel, no parece sin embargo haberse dado cuenta el clero o, en todo caso, haberla aceptado sin presentarle ningún obstáculo, comprendiéndola. Las autoridades civiles tornaron cívica, por conveniencias políticas, la figura de Miguel, convirtiendo el personaje fuera ya de la esfera religiosa (aunque en muchas ocasiones, como hemos podido comprobar, con tintes interesadamente terrenales), en el supremo abanderado de Dios sobre la ciudad e isla, y de cuya exclusiva representación eran estas autoridades las depositarias, escudo ahora, pues, de la autoridad civil después de haberlo sido, y por tanto tiempo, de la sola autoridad divina.

 

NOTAS

(1) Martín Sánchez, Miguel Ángel, Miguel, el Arcángel de Dios en Canarias. Aspectos socioculturales y artísticos. Ed. Aula de Cultura del Excmo. Cabildo insular de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1991.

(2) Vorágine, Santiago de la, La Leyenda dorada, Alianza, Madrid, t. 2, pp. 621 y 622-623.

(3) A este respecto, véase el trabajo de Waha, Michel de, "Le dragon terrassé, théme triomphal depuis Constantin", en VV.AA., Saint Michel et sa symbolique, Éditions d'Art Lucren De Meyer, Bruselas, 1979, pp. 43-113, quien ha analizado el tema del "poder" del Arcángel en los dominios de la conducta de los estados, insiste en subrayar que los fenómenos de resurgimiento del culto de San Miguel coincide con épocas de cambios profundos: la Guerra de los cien años, las visiones de San Miguel que tuvo Juana de Arco; asimismo, estudia el estandarte real y su metamorfosis. La creación por parte de Luis XI de la Orden de San Miguel en Amboise el 1 de agosto de 1469 fue debidamente precisada.

(4) Wangüemert y Poggio, José, Influencia del Evangelio en la Conquista de Canarias, en "Revista de Archivos, Bibl. y Museos", Madrid, 1909, pp. 347-348.

(5) Véase el Testamento de don Alonso Fernández de Lugo (12 de marzo de 1525) publicado por Rosa Olivera, Leopoldo, y Serra Ráfols, Elías, El Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo y su residencia por Lope de Sosa. "Fontes Rerum Canararium", fasc. III, ed. Cons. Sup. de Invest. Científ. e Instituto de Est. Canarios de la Univ. de La laguna, 1949, pp. 179-183.

(6) Ídem, pp. 164-166.

(7) Rumeu de Armas, Antonio, La Conquista de Tenerife (1494-1496), Ed. Aula de Cultura del Excmo. Cabildo Insular de Tenerife, 1975, p. 294.


(8) Serra Ráfols, Elías, Fernando el Católico concede armas a la isla de Tenerife, Madrid, 23 de marzo de 1510, en "Revista de Historia Canaria", t. XV, La Laguna, 1949, p. 242.

(9) Es el historiador Núñez de la Peña quien descubrió esta Real Cédula en el Archivo del Cabildo de Tenerife. Rumeu, op. cit., p. 293. Aunque la transcripción de la misma se puede ver en Núñez de la Peña, Juan, Conquista y Antigüedades de las Islas de Gran Canaria..., Madrid, 1676, que conozco por la ed. hecha en Santa Cruz de Tenerife, 1847, he preferido utilizar aquí la transcripción literal que de la misma ha hecho recientemente doña Francisca Moreno Fuentes, archivera del Excmo. Ayuntamiento de La Laguna, al ser más exacta y respetuosa con el texto original.

(10) Para Elías Serra, éste debe ser el más antiguo documento en que tal hecho se afirma " y ello en vida de los conquistadores y sin duda por su informe"; Serra, op. cit., p. 242. Núñez mantendrá en su historia esta coincidencia del veintinueve de septiembre -festividad del Arcángel- como segunda y definitiva sumisión de los naturales de esta isla; Rumeu, op. cit., pp. 293-294. De igual modo lo harán los historiadores Castillo y Viera y Clavijo, Ibídem.

(11) Serra, op. cit., pp. 242-244; Rumeu, op. cit., p . 291-294; sobre todo, Bonet y Reverón, Buenaventura, La rendición de Tenerife. Dos fechas memorables, en "El Día", S/C. de Tenerife, 29 de setiembre de 1948, donde se demuestra cumplidamente.


(12) Abreu y Galindo, [Fray] Juan de: Historia de la Conquista de las siete Islas Canarias. Escrita en 1632 y que cito por la ed. Goya, S/C. de Tenerme, 1955, p. 282. También Viera y Clavijo, Joseph, Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, Madrid, 1766, 1.ª ed., citándose aquí por la ed. Goya, S/C. de Tenerife, 1982, 8.ª ed., t. I, pp. 579 y 589.

(13) Rosa Olivera, Leopoldo, y Serra Ráfols, Elías, op. cit., pp. 147-148, en donde se recoge el documento en que los Reyes Católicos prometen a don Alonso Fernández de Lugo el gobierno de la Isla de La Palma, para cuando la haya terminado de conquistar (fechado en Córdoba, 8 de junio, 1492).


ILUSTRACIONES

LÁMINA 1 - LÁMINA 2 - LÁMINA 3