CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo V- 9. 1992
 

José María Ruiz Manero

Desde que, cuando contaba quince años, visité Italia por primera vez mi amor por ella no ha hecho más que acrecentarse. Hoy veo cumplido uno de mis mayores anhelos: haber podido iniciarme en el estudio de su pintura. Hace varios años con la memoria de licenciatura, no hice más que aproximarme tímidamente a ella. Durante los seis años que ha durado la elaboración de este trabajo me he ido poco a poco familiarizando con el arte de los pintores que cito y de otros muchos más. Creo haber logrado aproximarme al espíritu de algunos, mantener idealmente con ellos un cierto trato. Sin duda me siento enriquecido, puesto que por su altura me han dejado honda huella. Quisiera pensar que, salvando las distancias, han producido en mi interior el efecto que cita San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual: "con sola su figura /vestidos los dejó de hermosura".

Con ligeras modificaciones, fruto de las observaciones que me hicieron los miembros del tribunal que la juzgaron -formado por los doctores, don José Manuel Pita Andrade, Presidente, don Rogelio Buendía, don Enrique Valdivieso, Don Fernando Benito Domenech y don Fernando Collar de Cáceres-, este trabajo constituye la tesis con la que obtuve el grado de doctor en septiembre de 1991. En un principio el objetivo de la misma abarcaba el estudio, tanto de toda la pintura italiana del siglo XVI que durante los pasados siglos se importó en nuestro país, como el de las copias realizadas de originales de dicha escuela y centuria. Sin embargo, cuando me encontraba en una fase avanzada de mi trabajo, me di cuenta de que el material que había recogido superaba con creces el tiempo del que disponía para su elaboración. Pensé entonces, de común acuerdo con mi director, que era preferible estudiar lo más detenidamente posible la obra de un limitado número de artistas que presentar deficientemente trabajado la mayor parte del material inédito acumulado. Consideré que el mundo de Leonardo y de Rafael en España constituía en sí materia suficiente. El carácter de pilares del Renacimiento en su fase del siglo XVI de dichos pintores y la abundancia de material que había acumulado sobre los mismos y sus discípulos y seguidores, me animaron a centrar en ellos mi estudio. Se me podrá objetar que algunos de los llamados "leonardescos", a pesar de haber vivido parte de su vida en el siglo XVI se encuentran más ligados al siglo XV; sin embargo, resulta difícilmente negable que lo que tienen de más innovadores se lo deben a Leonardo, el cual es considerado por muchos historiadores como el primer pintor de lo que se ha venido llamando el pleno Renacimiento.

A continuación presento el resultado de mi investigación que, aunque ha pretendido ser lo más exhaustiva posible, no debe ser considerada más que como un catálogo provisional. En él se estudian tanto las obras de dichos pintores como las copias, y en el caso de Leonardo derivaciones de creaciones suyas, las menciones en antiguos inventarios y las obras erróneamente atribuidas a los mismos de las que he tenido noticia.

Durante los seis años que ha durado la elaboración de este trabajo he intentado familiarizarme con el arte italiano del Renacimiento. Para ello he pasado temporadas en Florencia, Roma y Venecia, y visitado: Verona, Vicenza, Milán, Brescia, Bergamo, Cremona, Mántua, Ferrara, Parma, Módem, Rávena, Urbino, Bolonia y Aquila. En otoño de 1989 emprendí un largo viaje a través de nuestra geografía para tratar de localizar pinturas.

Para la elaboración de este trabajo he frecuentado básicamente tres bibliotecas: La Biblioteca Albertina de Bruselas, la Biblioteca del "Instituto Diego Velázquez" del CSIC, la Biblioteca del Museo del Prado. Agradezco a la primera que, al poco de llegar, me concediera un pupitre en la Sala de Investigadores. Quisiera expresar mi profundo agradecimiento a doña Isabel Mateo del "Instituto Diego Velázquez" por haberme aconsejado y facilitado enormemente mi labor. Con la Biblioteca del Museo del Prado me siento especialmente en deuda, ya que tanto don Ramón Romero Cabot, jefe de Biblioteca, Archivo y Documentación del Museo del Prado, como, muy particularmente, doña María del Mar Mairal Domínguez y don Jesús Gil de la Fuente, han hecho que encontrara en dicha institución el más grato de los lugares de trabajo. Dentro del mismo Museo quedo también muy agradecido a doña Rocío Arnáiz, doña Mercedes Orihuela y a don Matías Díaz Padrón, conservador de pintura flamenca y holandesa. Asimismo, agradezco a los ordenanzas que me acompañaron a los depósitos por la santa paciencia que mostraron cuando me alargaba contemplando alguna obra.

Múltiples son las personas que me han ayudado, bien facilitándome fotografías, bien datos, bien mostrándome las obras de arte que poseían, bien interviniendo para que lograra ver una u otra colección. A continuación cito, ordenadas por provincias, a las personas a las que quedo muy agradecido. Cierto es que habré olvidado a alguna; ruego que me perdone. Ávila: don Nicolás González y González, canónigo; monjas del Convento de San José. Badajoz: marqués de Lorenzana (Fuente del Maestre). Barcelona: don Santiago Alcolea Blanch, director del Instituto Amatller; doña Margarita Cuyás, conservadora del Museu d'Art de Catalunya; Padre Laplana (Montserrat); doña Assumpta Gou Vernet, directora del Museu Maricel (Sitges). Burgos: director del Museo Arqueológico; Padre Emiliano García (Castrojeriz). Cáceres: don Santiago Martínez Acebes, obispo de Plasencia. Cádiz: doctora doña María Pemán; doña Isabel Claven conservadora del Museo de Bellas Artes. Córdoba: duquesa de Cardona; vizcondesa de Castañeda; doña Ameba, propietaria del "Hostal Góngora"; doña Fuensanta García, directora del Museo de Bellas Artes; conservadores del mismo Museo; Madre Beatriz de Jesús, superiora del Convento de San José, y Madres de dicho convento (Lucena). Gerona: don Narcís Soler, director del Museu d'Art. Granada: don José Manuel Gómez-Moreno, del Instituto Gómez-Moreno. Jaén: don Iván Negrera, conservador de pinturas del Museo de Bellas Artes. León: director del Museo Catedralicio-Diocesano; don Bernardo Velado, canónigo (Astorga). Madrid: doña Rosa Donoso, directora del Museo Romántico; doctor don Carlos Reyero; don Jorge Mata Botella; don Román Ledesma Rodríguez, subdirector general de Bienes Muebles Históricos y Museos del Patrimonio Nacional; don Fernando Fernández Miranda, jefe del Departamento de Restauración y Conservación de la misma Institución; don Juan Martínez, conservador de Pinturas de la misma Institución; duquesa de Alba; conservador de Pinturas de la casa de Alba. Málaga: conservadora del Museo de Bellas Artes; doña Fanny de Carranza, funcionaria del Ayuntamiento. Murcia: don José Miguel García Cano, director del Museo de Bellas Artes. Palencia: don Nicolás Castellanos, obispo; don Ángel Sancho, canónigo; cura párroco (Autillo de Campos). Salamanca: conservadora de Pinturas del Museo de Bellas Artes; Madre Sonsoles de Xto. Sacerdote, superiora del Convento de Carmelitas (Alba de Tormes). Sevilla: doctor don Enrique Valdivieso; encargado de la Conservación de la casa de Pilatos de Sevilla; ex-condesa de Ibarra; doña Amparo Jaraquemada; doña Carmen López-Cepero; señoritas Díez LópezCepero; doña Regla Merchán Cantistán. Valencia: doctor don Fernando Benito Doménech; don Felipe Garín, entonces director del Museo de Bellas Artes; doña Adela Espinós, conservadora de Dibujos del Museo de Bellas Artes; doña Francisca Castilla, encargada de Depósitos del Museo de Bellas Artes. Valladolid: director del Museo de Escultura; señor Isusi, canónigo. Vizcaya: don Jorge de Barandiarán, director gerente del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Zamora: don José Navarro, delegado de Arte (Toro). Zaragoza: doctora doña Carmen Morte; doña Belén Díaz de Rábago Cabeza, conservadora del Museo de Bellas Artes; duquesa de Villahermosa; personal de la casa de Villahermosa (Pedrola).

Quisiera agradecer a mi director, el profesor don Alfonso E. Pérez Sánchez, que a pesar de lo apretado de su agenda durante estos años haya dedicado parte de su tiempo a la dirección de este trabajo y que, en todo momento, me haya animado y brindado muy útiles consejos. Asimismo, le quedo muy agradecido por haberme proporcionado muchas fotografías y la consulta de manuscritos inéditos y catálogos de colecciones difíciles de encontrar.

Agradezco a mi familia y amigos el apoyo humano que me han proporcionado y que tanto me ha ayudado en los momentos de cansancio e incertidumbre. En particular quisiera manifestar mi más profunda gratitud a la doctora doña María Cóndor, que ha leído parte de este estudio y me ha sugerido correcciones de estilo sumamente interesantes.

Quedo especialmente en deuda con el profesor don José Manuel Pita Andrade, quien presidió el tribunal que juzgó esta tesis y gracias a cuya intervención la Fundación que dirige la publica.

 

ADVERTENCIA SOBRE LAS CITAS BIBLIOGRÁFICAS

La bibliografía se ha organizado de forma sistemática en los siguientes apartados: Fuentes, Inventarios Reales, Manuscritos, Catálogos de colecciones sin nombre de autor, Leonardo y leonardescos, Rafael y su escuela, Obras generales. A cada uno de los mismos se le ha asignado una letra determinada.

Fuentes: A.
Inventarios Reales: B.
Manuscritos: C.
Catálogos de colecciones sin nombre de autor: CH.
Leonardo y leonardescos: D.
Rafael y su escuela: E.
Obras generales: F.

Para reducir al mínimo las citas bibliográficas en el texto se ha optado por el siguiente sistema:

o Si se trata de un libro o artículo, figura entre paréntesis el apellido del autor -si no se cita en el texto-, el año de publicación, el tomo -si la obra se compone de más de un volumen- y el número de la página. Cuando un mismo autor ha publicado en un mismo año un libro y un artículo, se cita el nombre de la revista, entendiéndose que si no se hace referencia a ésta se trata del libro.

o Si se trata de catálogos de colecciones o subastas sin nombre de autor, figura el nombre del coleccionista -si no se ha citado en el texto-,seguido del año del catálogo y del número de la página.

o Si se trata de catálogos de exposiciones, figura: Cat. Exp., seguido del año en el que se celebró y el número de la página. Si se han celebrado dos o más exposiciones en el mismo año sobre el mismo pintor, se hace una breve referencia que permite diferenciarlas.

o Si se trata de un libro sin nombre de autor, figura el nombre del libro resumido, seguido del año de publicación y del número de la página.

o Al final de cada cita bibliográfica figura entre paréntesis la letra que corresponde al apartado de la bibliografía en donde se recoge la referencia completa de la obra de la que se ha extraído la noticia.

Todo este repertorio bibliográfico se imprime a continuación de la segunda parte del trabajo dedicado a Rafael y su escuela.