CUADERNOS DE ARTE E ICONOGRAFIA / Tomo VI - 11. 1993
 

 

ICONOGRAFÍA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN EN BURGOS

Alberto Cayetano Ibáñez Pérez

Es habitual que el estudio de la iconografía de las órdenes religiosas se realice partiendo de las obras de los grandes autores, existentes en los grandes centros de dichas órdenes, que sirvieron para fijar determinados tipos que, tomados como modelo, fueron reproducidos en múltiples copias que hoy se encuentran en gran parte de los conventos, monasterios e iglesias de la orden religiosa correspondiente y aún en iglesias parroquiales.

No es tan frecuente el estudio de dichas manifestaciones en un determinado ámbito espacial (1). Sin embargo, se trata de un aspecto no menos importante, como es el de la difusión, extensión y penetración que tales representaciones tuvieron en el ámbito popular y que no es posible conocer si no se realiza a través de estudios localizados en una determinada área geográfica, dentro de la cual es posible fijar, con el previo conocimiento de sus características históricas, las causas de la existencia o ausencia de las representaciones y su extensión, así como las posibles variantes figurativas y las razones a que obedecen.


LA PRESENCIA DE LA ORDEN DE PREDICADORES EN BURGOS

A las últimas consideraciones expuestas responde nuestro enfoque sobre el estudio de la iconografía de Santo Domingo de Guzmán en Burgos, que no pretendemos sea más que una aproximación al amplio campo de la iconografía dominicana, en general, y de la de los santos burgaleses, en particular. En este último aspecto, su interés nace en el mismo momento en que sabemos que Domingo de Guzmán y Aza -el futuro Santo Domingo de Guzmán- nació en Caleruega (2), localidad perteneciente a la actual provincia de Burgos, pero que, el año 1170, fecha de su nacimiento, formaba parte de la Diócesis de Osma, y no se
incluyó en la Diócesis burgalesa hasta fecha muy reciente, el año 1956. Dato que, en principio, puede parecer de gran importancia, ante todo porque podría explicar la extensión de la devoción a Santo Domingo en las localidades burgalesas que formaron parte de la Diócesis de Osma, con la consiguiente existencia de mayor número de representaciones, en tanto que serían más escasas en las iglesias que siempre formaron parte de la Diócesis burgalesa.

Lo cierto es que tal hipótesis no responde a la realidad, ya que el número de representaciones guarda una proporción semejante entre ambas zonas eclesiásticas. Es más, la proporción se invierte a favor de las iglesias de la primitiva jurisdicción burgalesa cuando se analizan la antigüedad de las figuraciones y su variedad iconográfica, que es muy superior a la que encontramos en la otra zona considerada.

Otro aspecto digno de estimación es que, hasta fecha muy reciente, no existió en todo el territorio burgalés más que una iglesia parroquial dedicada a Santo Domingo de Guzmán, la que aún se conserva en Castrojeriz. Recientemente, en la década de 1970, el número se ha elevado a tres, con la creación de una parroquia en Burgos, ciudad, y otra en Aranda de Duero. Esto, sin duda, a causa de haber sido proclamado Santo Domingo de Guzmán como Patrono oficial de la Provincia.

El hecho de que sólo tres templos entre los burgaleses, de un conjunto que supera las 1.200 iglesias, se dediquen a Santo Domingo de Guzmán explica la escasa popularidad que tuvo, al menos en Burgos, durante toda la Edad Media, época en la que nacieron o se consolidaron como núcleos históricos la casi totalidad de los pueblos burgaleses y, con ellos la totalidad de sus iglesias. Como, igualmente, explica alguno de los caracteres de la Orden de los Predicadores que, de acuerdo con el espíritu de su Fundador, estuvo más preocupada por cumplir con su misión predicadora que por la acción de propaganda de su importancia. Y esto a pesar de que se crearon en fecha muy temprana dos de los antiguos conventos de la Orden, uno de frailes y otro de monjas. El de frailes fue el gran convento de San Pablo (3), en Burgos, que fue, junto con el convento de franciscanos de San Francisco, un importante foco de la vida religiosa e intelectual burgalesa, hasta su desaparición a causa de las medidas desamortizadoras -que en este caso, nos muestran su cara brutalmente destructora-, y que durante su larga historia se convirtió en un muestrario de arte y dio a la luz y albergó brillantísimas personalidades en el campo de la Teología y del Derecho, como fueron, entre otros, el P. Vitoria y el P. Melchor Cano. Otro antiguo convento fue el de monjas de Santo Domingo (4), en Caleruega, cuna del Santo, fundado el año 1266.

Junto a los anteriores, además del felizmente conservado monasterio de San Blas (5), en Lerma, de monjas dominicas -propietarias e inteligentes conservadoras de un magnífico tesoro artístico-, deben recordarse los desaparecidos conventos de Santo Domingo en Barbadillo del Mercado, cuya pequeña iglesia se conserva casi milagrosamente, con todas las obras artísticas que en ella había, así como el totalmente desaparecido convento de frailes de Santo Domingo, en Rojas, del que, abandonado a consecuencia de la Desamortización, no queda nada. Como tampoco queda nada, salvo escasos testimonios, del convento de Sancti Spiritus, de padres dominicos, que existió en Aranda de Duero.


ORIGEN Y CARACTERES DE LAS REPRESENTACIONES DOMINICANAS

Un estudio de la iconografía dominicana en Burgos debe abordarse, en virtud de lo señalado, considerando, por un lado, las representaciones conservadas en los conventos de la Orden que aún existen y, por otro, las obras guardadas en las iglesias parroquiales. No se trata, como pudiera parecer en principio, de una simple clasificación basada en el lugar de destino sino que, como veremos, las diferencias van más allá del detalle, ya que las obras existentes en los conventos e iglesias parroquiales se diferencian tanto en su origen en el tiempo y en los motivos, cuanto en su contenido y función.


ICONOGRAFÍA DOMINICA EN CONVENTOS DE LA ORDEN

Los conventos burgaleses de la Orden, ambos femeninos, de Santo Domingo, en Caleruega, y de San Blas, en Lerma, conservan un conjunto de obras que representan casi todo el ciclo iconográfico dominicano. Se trata de obras del siglo XVII coincidiendo no sólo con el origen del convento o la construcción de su nueva iglesia, sino también con la extensión de los temas dominicanos en el arte, a través de colecciones de grabados con escenas de la vida y milagros de Santo Domingo, Santa Catalina de Siena y el Rosario, que pudieron servir de modelo a los
artistas (6).

El retablo mayor (fig. 1) de la iglesia del convento de Caleruega es una obra barroca, al igual que el templo, del segundo tercio del siglo XVII, de traza clasicista, con banco, gran cuerpo con tres calles y remate, con representaciones pictóricas, a excepción del Calvario del remate. La ordenación de las representaciones sigue un esquema claramen
te definido en el que la calle central y los cuadros mayores del banco representan la faceta histórica del Fundador, en tanto que las dos calles laterales y los pequeños cuadros del banco y friso del remate se refieren a las apariciones milagrosas al Fundador y los frutos de la Orden, a través de las figuraciones de los principales santos de la misma.

El gran cuadro central presenta, en realidad, un conjunto de tres escenas en que, siguiendo la tradicional disposición barroca del "cuadro dentro del cuadro", la mayor parte de la superficie está ocupada por la escena del Bautismo del niño Domingo de Guzmán y Aza (fig. 2), interpretada con un sentido cortesano, cual corresponde a la nobleza de los asistentes y el linaje familiar del neófito, pero sin signos sobrenaturales de ningún tipo que, en cambio sí encontramos en la escena del ángulo superior derecho, en que se muestra la Aparición de Santo Domingo de Silos a Juana de Aza, cuando ésta, siguiendo la tradición, peregrinó al monasterio de Silos para pedir al Santo le concediera un hijo. Extrañamente, tampoco en el Nacimiento de Domingo de Guzmán, escena que ocupa el ángulo superior izquierdo del gran cuadro central, encontramos signo sobrenatural alguno. La continuación de las figuraciones anteriores la encontramos en los dos cuadros apaisados de los lados del banco, ambas en relación con sucesos históricos de la vida del Santo, a la izquierda, Domingo de Guzman recibiendo la confirmación de la fundación de la Orden de manos del Papa Inocencio III, con el Santo arrodillado ante el Papa Honorio IX y, a la derecha, Domingo de Guzmán predicando, en clara alusión a la finalidad fundamental de la Orden que pretendía fundar y en relación con cuyos orígenes y función se encuentran las dos grandes escenas que ocupan las calles laterales. A la izquierda, Aparición de los Apostoles San Pedro y San Pablo a Domingo de Guzmán, junto al que aparece el perro con la antorcha encendida en la boca, al que entregan el báculo y el libro de los Evangelios, y al fondo se ven varios frailes dominicos que caminan. El cuadro refiere la aparición de los Apóstoles a Domingo de Guzmán, cuando éste se encontraba en Roma gestionando el reconocimiento papal de la Orden de Predicadores, a lo que se une, sin ruptura de la armónica composición del conjunto, la escena de la partida de sus miembros para predicar en distintos lugares. El gran cuadro de la calle derecha muestra a La Virgen con el Niño entregando el Rosario a Santo Domingo de Guzmán, escena que completa la anterior por cuanto hace referencia no sólo a la función de la Orden, concretada en su devoción predilecta que será, con el tiempo, la base y fundamento de la extensión de la iconografía de Santo Domingo de Guzmán.

El retablo de Caleruega se completa con las imágenes de cuerpo entero, en pinturas de pequeño tamaño ocupando los netos del banco y friso, de los principales santos de la Orden: San Pedro Mártir y San Jacinto, en el banco, y Santo Tomás, San Alberto Magno y las santas Catalina de Siena y Margarita de Hungría en el remate, a los lados de las alegorías de la Fe y de la Caridad, que ocupan el friso.

La iconografía dominicana que se custodia en el monasterio de San Blas de Lerma presenta caracteres diferentes. No se trata de un retablo, sino de una serie de representaciones pictóricas sueltas, de diferentes autores y muy desigual calidad artística. En el retablo mayor de la iglesia, dedicado a San Blas y completado con una compleja serie de pinturas, solamente aparece una representación de Santo Domingo de Guzman, en la calle derecha del primer cuerpo, que ofrece la particularidad iconográfica de representar al Santo con una iglesia en la mano, aludiendo a su condición de fundador, atributo que, en los santos dominicos, es propio de Santo Tomás de Aquino, pero que, en éste, no ofrece duda acerca de que se trata de Santo Domingo de Guzmán por la presencia del perro con la antorcha.

En la clausura del monasterio de San Blas se guarda una abundante serie de cuadros dominicanos, junto a una completa colección dedicada a San Carlos Borromeo (7). Destaca entre todos ellos, por su tamaño y calidad, el atribudo a Bartolomé Carducho con la escena de La aparición de la Virgen, Santa Catalina y Santa María Magdalena al dominico en Soriano, con la visión del fraile y la entrega del cuadro en que se representa a Santo Domingo de Guzmán, asunto que se repite en otros cuadros existentes en distintos templos de la Diócesis (8). Pero, al margen de su categoría artística, que es escasa y, en algunos casos, nula, revisten mayor interés iconográfico la serie de cuadros con diversas escenas relativas a la vida y milagros de Santo Domingo. Un pequeño cuadro, acaso pintado por una monja del monasterio, nos presenta a Santo Domingo de Guzmán con el hábito de canónigo premonstratense, en recuerdo del oficio que desempeñó en la catedral de El Burgo de Osma. Las restantes tienen un carácter de exaltación del Santo, a través de representaciones en que se mezclan los episodios milagrosos y la devoción al Rosario. Una de ellas es un cuadro de estilo italiano, del siglo XVII, con la escena de La resurrección del joven Napoleón Orsini (lám. 3), milagro que el Santo realiza en presencia del Cardenal Stefano di Fossanova, tío del resucitado, que aparece arrodillado. Otro cuadro representa a La Virgen con el Niño con Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena. La iconografía se completa con representaciones de diversos santos de la Orden, destacando entre todas ellas una de Santo Tomás de Aquino, que presenta en su parte inferior una láurea de Doctor, fechada en 1723, aludiendo al Colegio existente en el desaparecido convento dominico de Santa Teresa en Lerma (9). Original por su iconografía es un cuadro que representa a Santo Domingo de Guzmán y San Pedro Mártir, de origen italiano, en cuyo marco aparece la inscripción: "Imple, Pater, quod dixisti, nos tuis juvans precibus" (10). Pero, entre todos, destaca por su rareza iconográfica la escena figurada en un cua
dro, español de principios del siglo XVII, con Santo Domingo de Guzmán penitente y Santa Catalina de Siena ante Cristo Crucificado (lám. 4). La importancia de esta representación es que se figura a Santo Domingo en actitud penitente, como si se tratara de San Jerónimo, con el torso desnudo y unas disciplinas en la mano derecha.

En la pequeña iglesia del desaparecido convento dominico de Santo Domingo en Barbadillo del Mercado se conserva, entre otras obras, el retablo mayor, de principios del siglo XVII, en cuyos relieves se insiste en la iconografía anterior, dispuesta en forma distinta. El primer cuerpo presenta, en el centro, la imagen de Santo Domingo de Guzmán y, a los lados, a los Apostoles San Pedro y San Pablo, en sendos relieves, formando una composición no habitual de la escena de la aparición de los Apóstoles al Santo. En el banco, los relieves de Santo Tomás de Aquino, a la derecha, y de San Raimundo de Peñafort, a la izquierda, subrayan el fundamento doctrinal que la Orden pretendió dar siempre a sus intervenciones, hasta el punto de que la única escena aludiendo a episodios milagrosos es la del relieve, que ocupa el encasamento superior izquierdo del retablo con La Aparición de la Virgen a un dominico.

El conjunto de las representaciones conservadas en los conventos dominicos forman un ciclo iconográfico completo de la hagiografía e historia de la Orden, pero su finalidad vemos que es más parenética que de exaltación, orientada más que a presentar a los fieles las glorias de la Orden a suscitar la emulación entre los propios miembros ya que la casi totalidad se encuentran en las clausuras, sin posibilidad de ser contempladas por los fieles. Las representaciones que podemos llamar públicas, visibles, son precisamente las imágenes de Santo Domingo de Guzmán, de algunos santos, especialmente Santo Tomás de Aquino, el Santo intelectual por excelencia y, ante todo, las que se refieren a la devoción al Rosario. Estas serán, precisamente, las representaciones dominicanas que tendrán mayor éxito y que vemos ampliamente repetidas en los templos parroquiales, en diversas variantes.


ICONOGRAFÍA DOMINICANA EN IGLESIAS PARROQUIALES

El número de retablos, imágenes y otras representaciones dedicadas a Santo Domingo de Guzmán, el santoral dominico y, sobre todo, a la devoción del Rosario, íntimamente ligado a la Orden, que se conservan en las iglesias burgalesas es relativamente numeroso. Salvo la pretendida representación de Santo Domingo y San Francisco de Asís en la Puerta de la Coronería de la catedral, obra de mediados del siglo XIII, la imagen más antigua de Santo Domingo de Guzmán, perfectamente identificable, la hemos encontrado en el púlpito, en piedra, de la parroquial de Cabia (lám. 5), obra de mediados del siglo XV, a la que sigue en antigüedad la del guardapolvos del retablo mayor de la Cartuja de Miraflores de Burgos, de fines del siglo XV. Durante el siglo XVI se multiplican las imágenes de Santo Domingo en sepulcros y retablos, pero la mayoría de las que se conservan se trata de obras pertenecientes a los siglos XVII y XVIII, que deben su origen a la implantación y extensión de devociones que, con base en los mandatos y acuerdos del Concilio
de Trento, se establecieron en la práctica totalidad de las iglesias parroquiales burgalesas. Nos referimos a las cofradías de la Virgen del Rosario o, simplemente, del Rosario y a las cofradías de las Ánimas (11). Cada una de ellas, al ser implantadas canónicamente en las iglesias parroquiales y conventuales, contaba con un altar en cada templo que, según lo acostumbrado, se completaba con una imagen o un retablo.

Los altares de las cofradías de las Ánimas era corriente que constaran de un gran cuadro en el que las representaciones alusivas forman una iconografía de gran riqueza de contenido, aún cuando su valor artístico, en la mayoría de los casos y con pocas excepciones, no pase de la mediocridad. En estos cuadros es frecuente la aparición de Santo Domingo de Guzmán, sólo o, más frecuentemente, formando conjunto con otro Santo que, en la mayor parte de los casos, suele ser San Francisco de Asís y, presidiendo el conjunto, la Santísima Trinidad -retablo de Citores del Páramo-, Cristo Juez -retablo de Villaquirán de los Infantes-, la Virgen con el Niño -retablo de Mazuela (lám. 6)-, La Misa de San Gregorio -retablo de Huérmeces- o San Miguel retablo de Revilla del Campo.

Aunque menos numerosos, también se conservan retablos de Ánimas de arquitectura y escultura. Su iconografía es menos compleja ya que, en general, se forman con una imagen de la Virgen, generalmente en su advocación del Carmen, en la hornacina central, la de Santo Domingo de Guzmán, a la derecha, y San Francisco de Asís a la izquierda, como vemos en los retablos de las parroquiales de Mecerreyes, Ciruelos de Cervera y Huerta de Arriba, entre otras.

Una vez más vemos se trata de representaciones de finalidad parenética, en las que los santos se ofrecen como modelos de conducta a imitar en el ejercicio de determinadas virtudes para obtener los resultados adecuados. San Francisco de Asís suele ser representado con una moneda en su mano derecha, de la que brota un rayo de luz que incide sobre uno de los purgantes de la parte inferior del cuadro, alusiva al poder salvífico de la Caridad, ejercida a través de la limosna, en tanto que Santo Domingo de Guzmán tiene un rosario del que, igualmente, brota un rayo de luz que ilumina a otro purgante, en clara alusión al poder salvífico de la oración, concretada en el rezo del Rosario, como oración suprema. Se trata, por tanto, de una devoción a Santo Domingo, como a los santos restantes, que pudiéramos denominar indirecta. En las iglesias burgalesas superan el medio centenar el conjunto de los retablos, sean grandes cuadros o de arquitectura e imaginería, que ofrecen esta representación básica con las ricas variantes señaladas.

Igualmente indirecta, aunque de otro tono, es la devoción a Santo Domingo de Guzmán en virtud de la extensión que alcanzó la devoción al Rosario, del que se le considera creador y difusor. El esquema de este tipo de retablo es siempre el mismo, basado en la presencia de la Virgen del Rosario que, en muchos casos, se completa con las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y otro santo dominico, que suele ser
Santo Tomás de Aquino, como vemos en retablos colaterales en las iglesias de Hortigüela y Padilla de Abajo o en el mayor de Modúbar de San Cibrián, o la de San Francisco de Asís, cual es el caso del retablo de la Virgen del Rosario en Huerta del Rey.

Un ejemplo excepcional de retablo-rosario lo encontramos en el retablo de Santo Domingo, adosado al muro frontero del brazo derecho del crucero en la parroquial de Santa María del Campo (lám. 7). Es una obra mixta de pintura y escultura de finales del siglo XVIII, en su arquitectura y escultura, pero incluyendo las pequeñas tablas pintadas procedentes de un retablo anterior, obra de Pero Ruiz de Camargo. El conjunto presenta una original composición, acorde con la compleja y completa iconografía en la que, una vez más, aparece la finalidad parenética que, ahora, se completa con otra más directamente didáctica y emotiva. La imagen del Santo titular, en la hornacina central, esta circundada por un marco formado por 15 pequeñas pinturas, unidas entre sí por las cuentas de un rosario, con una escena alusiva a cada uno de los misterios del Rosario; en un segundo enmarcamiento, figuras de santos y, por último, alegorías de las Virtudes. En el marco interior de la hornacina central se repiten las figuras pintadas de Santo Domingo de Guzmán y de San Francisco de Asís. El retablo se remata con la imagen de Santo Tomás de Aquino.

Con gran frecuencia aparece Santo Domingo de Guzmán en representaciones en las que se funden las devociones del Rosario y de las Ánimas. Un ejemplo singular lo tenemos en el estandarte, común para las cofradías del Rosario y de las Ánimas, conservado en la iglesia de Bañuelos de Rudrón (lám. 8), en una de cuyas caras se representa a Santo Domingo de Guzmán recibiendo el rosario de la Virgen y, en la cara opuesta, a las Ánimas del Purgatorio.

La devoción a Santo Domingo de Guzmán aparece en otros muchos, casos, en los que no encontramos ninguna relación con las devociones señaladas. Se trata de retablos de muy diversas categorías. Así, en la. parroquial de Santibáñez de Esgueva, se le dedica un retablo neoclásico, colateral, cuya imagen es la única que se ofrece, rematada por la. paloma del Espíritu Santo. Son muy numerosos los retablos en que aparece formando conjunto con otros santos, como vemos, entre otros, en los retablos mayores de Guzmán, Vivar del Cid, Hontomín, Castrillo de la Reina, Riocerezo y, como titular, en la parroquial de Santo Domingo de Castrojeriz.

NOTAS

(1) Una magnífica excepción, entre otras, la encontramos en el estudio del Prof Salvador Andrés Ordáx, Iconografía de San Pedro Regalado. Junta de Castilla y León. Valladolid, 1991.

(2) Error que, entre otros, hemos visto, en las obras de Juan Ferrando Roig, Iconografía de los Santos. Ed. Omega. Barcelona, 1950, p. 89, y L. Réau, Iconographie de l'art chrétien. Tome III. Iconographie des Sainst, I.A.-F. P.U.F. Paris, 1958, p. 391, que en los artículos que dedican a Santo Domingo de Guzmán dicen que su lugar de nacimiento fue Calahorra, en vez de Caleruega.

(3) Sobre este convento ver la obra Historia del insigne convento de San Pablo, de la ciudad de Burgos, y de sus hijos más insignes, compuesta por el P. Maestro Fray Gonzalo de Arriaga. Editada y anotada por el P. Manuel de los Hoyos Sainz. Tomo I. Publicaciones de la Institución "Fernán González". Burgos, 1972, 204 pp.
Sobre la iglesia ver, Isidro Gil, "Descripción histórica y pintura del templo de San Pablo de Burgos". Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Burgos, tomo II, p. 272.

(4) Sobre este convento ver la obra de Eduardo Martínez, Colección diplomática del Real Convento de Santo Domingo de Caleruega. Ed. Stmo. Rosario. Vergara, 1933, 447 pp.

(5) Sobre la historia de este monasterio ver el magnifico trabajo de Luis Cervera Vera, El monasterio de San Blas en la Villa de Lerma. Editorial Castalia. Madrid, 1969, 144 pp.

(6) Entre las series de grabados destacan las de origen francés:
- Vita et miracvla S.P Dominici Praedicatorii ordinis Primi institutoris, formada por 34 grabados, publicada entre los años 1608 a 1612.
- Miracvla et beneficia SS. Rosario Virginis Matris devotis a Deo Opt Max. Collata, serie de 16 grabados, de Ioannem le Clerc, publicada en París, en 1612.
- D. Catharina Senensis virginis SS. Ord. Praedicatomm vita ac miracvla selectiora ormis aeneis expresa, conjunto de 34 grabados de I. Swelinck, a partir de dibujos de Thomas de Leu, publicado en París por las misrnas fechas que los anteriores.

(7) Se trata de una serie de 20 grandes cuadros con escenas de los milagros de San Carlos Borromeo, copias exactas de los originales que se custodian en la catedral de Milán, obras de Procaccini y G. B. Crespi, del año 1610. Estos de Lerma, según el inventario del monasterio fueron traídos de Italia por el Duque de Lerma y entregados al monasterio el año 1617.

(8) Representaciones equivalentes se encuentran en las parroquiales de Gumiel de Izán y Peñaranda de Duero, obras firmadas de Clemente Sánchez, y de estilo muy semejante otra en la iglesia de San Pedro, antigua Colegiata, de Lerma.

(9) Sobre este convento ver la obra de Luis Cervera Vera, El convento de Santo Domingo en la Villa de Lerma. Editorial Castalia. Madrid, 1969, 179 pp.

(10) La inscripción corresponde al inicio de la "Antífona de la procesión al altar de Santo Domingo", que se reza el 4.° domingo de mes, según el Ritual dominicano.

(11) En el Archivo General Diocesano de Burgos se conserva documentación de 322 cofradías del Rosario y 175 cofradías de Ánimas, si bien el número de las existentes fue superior.